LOS NUEVOS PROYECTILES 

El proyectil constituye la verdadera arma del artillero. Esta afirmación puede sorprender al profano, deslumbrado frecuentemente por el poderío de los cañones o por el ingenio de sus mecanismos; pero es mediante el proyectil como consigue el artillero los efectos, ordenados por el mando, de destrucción o neutralización de los objetivos seleccionados. Merece, por tanto, ser tenido en cuenta en esta exposición.

Durante siglos, todas las bocas de fuego dispararon proyectiles esféricos, ya fueran de piedra o de hierro (forjado o fundido).

Antes de que apareciese la artillería rayada, existían proyectiles macizos (balas) y proyectiles huecos[1] cargados con pólvora negra y dotados de una rudimentaria espoleta a tiempos.

Con la aparición de la artillería rayada, los proyectiles se transforman en un cuerpo cilíndrico terminado en una punta ojival, aumentando su capacidad; además, se generaliza el empleo de la granada estabilizada giroscópicamente tanto en el cañón como en el obús.

El escaso efecto de los proyectiles cargados con pólvora negra sobre objetivos atrincherados obligó al desarrollo de un nuevo tipo de proyectil cargado de pólvora negra y balines de plomo. Se denominaron granada de metralla para distinguirlos de los proyectiles cargados con pólvora negra exclusivamente, que adoptaron la denominación de granada ordinaria.

A la par que el rayado del tubo y la retrocarga iban evolucionando, los proyectiles se fueron adaptando a dichas mejoras. Así, los primeros proyectiles para artillería cargada por culata disponían de una envuelta de plomo que conseguía la obturación y proporcionaba la estabilización giroscópica al proyectil.

Más tarde, la envuelta de plomo se transformó en varios anillos de cobre alrededor del cuerpo del proyectil, agrupados en dos zonas: cerca de la ojiva y cerca del culote[2]. Con el tiempo, los aros se transformaron en una banda más ancha denominada de forzamiento, responsable de la obturación detrás del proyectil y del giro, mientras que en la cercanía de la ojiva, la banda se transformó en un torneado de precisión que sirve para centrar perfectamente el proyectil dentro del tubo.

Mientras esto ocurre, se buscaba mejorar el efecto rompedor del proyectil, es decir, que los fragmentos de metralla que se generaban al estallar la carga explosiva fueran adecuados a los efectos que se pretendían. Se fabricaron proyectiles con líneas de ruptura denominados prefragmentados, pues gracias a dichas líneas se intentaba mejorar la fragmentación del mismo.

A medida que las experiencias con nuevas sustancias explosivas fueron avanzando, se probaron nuevos explosivos con mayor capacidad rompedora, tales como el fulmicotón, ácido pícrico y, finalmente el trinitrotolueno, este último recibió la denominación comercial de trilita por la fábrica de Granada, y desde 1909 se comenzó la fabricación de proyectiles cargados con este explosivo. Esta nueva sustancia ya tenía la capacidad de trocear de forma adecuada el proyectil, por lo que no era necesario ningún tipo de modificación al mismo. Para distinguirlos de las granadas ordinarias, los proyectiles cargados con estos nuevos explosivos (denominados rompedores) fueron llamadas granadas rompedoras.

Y finalmente, el proyectil se estilizó en un intento de disminuir su rozamiento durante el vuelo y para emplear únicamente el metal necesario para formar un vaso resistente a la vez que fácil de romper: nacieron así los proyectiles de paredes de resistencia constante con culote ligeramente troncocónico.

Por su parte, desde que la artillería de costa introdujo los cañones de retrocarga, comenzó su pelea particular contra la coraza de los barcos, cada vez más gruesa y de acero de mejor calidad. Y a la vez que se fabricaban cañones cada vez más potentes y de mayor calibre, se perfeccionan sus municiones.

Surgió el proyectil perforante macizo, en el que la mayor parte de la capacidad de perforación proviene de la energía cinética del proyectil, gracias a que dispone de gran masa, al ser macizo y alta velocidad remanente. Y cuando la coraza se hizo más resistente, al proyectil macizo se le añadió en su punta un refuerzo de acero endurecido, denominado capacete o cofia, a la vez que se le añadió una pequeña carga explosiva para mejorar sus efectos.

Todos los proyectiles necesitaban un dispositivo que les hiciera funcionar en el momento adecuado. Ese dispositivo se denominaba espoleta.

Ya desde la adopción del rayado surgieron dos grandes tipos de espoletas que, con matices, han seguido hasta el día de hoy: a percusión y a tiempos.

La espoleta a percusión funcionaba al chocar el proyectil contra el blanco (o contra el suelo). Para ello, aprovechan la estabilización giroscópica que conseguía que el proyectil volara con la punta hacia delante.

Las primeras espoletas de percusión son del año 1868.

Las espoletas a tiempos, por el contrario, funcionaban una vez que había transcurrido el tiempo programado[3] desde el instante en que se hizo el disparo. Lo ideal en este caso es que el proyectil actúe mientras aún está en el aire y muy próximo al blanco. Es necesario conocer de antemano qué tiempo tardará el proyectil en alcanzar el objetivo. Este dato siempre ha existido en formato de tabla, primero en las llamadas reglas de tiempos, que permitían a los capitanes de las baterías calcular la graduación de espoleta y finalmente se incluyó de forma habitual en las tablas de tiro junto a otros muchos datos necesarios para la corrección del tiro.

El tiempo programado se gastaba en la combustión de un mixto de pólvora de mayor o menor longitud de acuerdo al tiempo necesario para alcanzar el objetivo. Poco tiempo después (final de siglo xix), aparecieron las espoletas con mecanismo de relojería que contaban el tiempo programado hasta la activación de la espoleta.

También aparecieron espoletas de doble efecto, con el sistema de tiempos y de percusión, por si fallaba el primero que pudiera funcionar el segundo o bien para elegir una u otra modalidad en función del objetivo a batir.


[1] Granada, en el caso de los obuses; y bomba, la disparada por los morteros. La diferencia fundamental entre una u otra era su calibre, más grande en el caso de las bombas.

[2] El proyectil se divide, generalmente, en tres partes: ojiva (que es la punta), cuerpo y culote (la parte trasera).

[3] Ese tiempo es conocido como graduación de espoleta.

 

Bala de 8 libras. +Info

Granada ordinaria de tetones de 12 cm. +Info

Granada ordinaria de 7,5 cm. +Info

Granada de metralla de 8 cm. +Info

Granada ordinaria de 9 cm. +Info

Granada ordinaria de 9 cm. mod. 78. +Info

Granada ordinaria de 8 cm. mod. 79. +Info

Granada de metralla de 15 cm. +Info

Bote de metralla de 8 cm. mod. 72. +Info

Granada ordinaria prefragmentada de 57 mm. +Info

Granada rompedora de 7,5 cm. mod. 1916. +Info

Proyectil rompedor de 105 mm. +Info

Proyectil perforante macizo de 75 mm. +Info

Proyectil perforante de capacete de 150 mm. +Info

Proyectil perforante de capacete con falsa ojiva de 152,4 mm. +Info

Espoleta a tiempos “Krupp-Rubin”. +Info

Espoleta a percusión mod. 1898. +Info

Espoleta de doble efecto mod. 1898. +Info

Graduador de espoletas Schneider. +Info

 

Graduador de espoletas. +Info