HACIA EL TIRO RÁPIDO 

En la década de 1890 se consideraba que la operación que más fatiga causaba a los sirvientes era la entrada en batería[1] y además era la que más ralentizaba el tiro, pues era necesario volver a realizar la puntería. Hasta entonces se había intentado (con más fracaso que éxito) inmovilizar las piezas mediante el sistema denominado enrejado, que no era otra cosa que retener la pieza a base de cuñas bajo las ruedas y cadenas y cuerdas atadas a la cureña y clavadas al suelo en el extremo opuesto.

Una mejora de este sistema lo constituía el freno asociado a las ruedas, que, por inercia en el momento del disparo, actuaba sobre ellas, disminuyendo considerablemente el retroceso. Un proyecto de este tipo, presentado por el teniente coronel Arana en el año 1890, fue informado favorablemente por la Junta Especial de Artillería, para ser adaptado a la cureña modelo 1880 empleada en los cañones de bronce comprimido de 8 cm.

Sin embargo, este tipo de soluciones no eran completas.

La solución vino de los montajes navales especialmente diseñados para batir los nuevos objetivos aparecidos en el mar: torpederos y cruceros, cuyas altas velocidades de marcha les hacía muy temibles dado el escaso tiempo disponible para batirlos desde que eran descubiertos hasta que se acercaban lo suficiente para emplear sus armas. En estos montajes, se añadió un freno denominado de retroceso que absorbía la energía producida en el disparo, dejando retroceder parte de la boca de fuego, mientras el montaje permanecía inmóvil; finalizado el retroceso, otro elemento, denominado recuperador, devolvía la masa reculante a su posición inicial para un nuevo disparo. En todo el proceso, el mecanismo de puntería no había variado su posición, por lo que se podía hacer un nuevo disparo de forma inmediata.

Este sistema de freno y recuperador, luego denominado órgano elástico, se trasladó a los montajes de campaña, pues los de plaza y sitio ya disponían normalmente de frenos de retroceso sujetos a la plataforma.

Las primeras noticias procedentes del extranjero sobre sistemas para anular el retroceso en cañones de campaña aparecen en el año 1896 y se refieren a dos grandes sistemas:

-       Arado elástico: un muelle interpuesto entre un arado y el montaje absorbe el retroceso.

-       Órgano elástico: un elemento elástico interpuesto entre el tubo y el resto del montaje elimina el retroceso del conjunto.

Y una vez más, al tener conocimiento de una novedad importante, se nombró una comisión para ir al extranjero y conocer de primera mano las soluciones adoptadas en otros países. A dicha comisión asistieron los comandantes Vargas y Mata, quienes a su vuelta, elevaron la correspondiente memoria, en la que se determinaban las características que debía tener un cañón del nuevo tipo, que al poco tiempo se llamó de tiro rápido.

Pero mientras esto ocurría, aparecen los cañones de pequeño calibre (57 milímetros aproximadamente) en los que el retroceso no es muy importante y disponen de un mecanismo de carga que permite hacer múltiples disparos en poco tiempo. Inicialmente se les denominó también, cañones de tiro rápido, aunque finalmente, esta denominación se reservó a aquellas piezas que:

-       Anulaban el retroceso, que en cañones de pequeño calibre era posible con montajes rígidos fijos al terreno, pero que en calibres mayores solo era posible con un sistema de arado u órgano elástico.

-       Conseguían rapidez en la carga, gracias a la munición engarzada [2]y a los cierres de apertura en un solo movimiento.

-       Sector de puntería en dirección sin necesidad de desclavar el arado.

En la memoria de los comandantes antes citados también se determinaba que lo más adecuado para sustituir a los viejos cañones de campaña de 8 y 9 cm era un cañón de 7 cm de calibre aproximadamente, siempre que fuera capaz de disparar un proyectil de 6 kg a una velocidad inicial comprendida entre 500 y 600 m/seg, para conseguir sus mismos efectos. La reducción de calibre viene impuesta por el límite de peso que es capaz de arrastrar un tiro de 6 caballos o mulas, fijado en 2000 kilos incluyendo cañón, armón, municiones y juegos de armas. El empleo de tiros de 8 acémilas se consideraba bastante complicado para las maniobras que debían hacer en el campo de batalla.

Ese mismo año de 1895, comenzaron las pruebas para la adopción del primer cañón de tiro rápido para la artillería de campaña, luego de rechazar la oferta de la casa Nordenfelt de un cañón de montaña de 42 milímetros de calibre, cuya munición fue considerada por la Junta Superior Facultativa de muy escaso efecto.

Tras los estudios pertinentes, la Junta Superior Facultativa propuso, en el año 1896, la adopción de los cañones de 7,5 cm de las fábricas Krupp, Saint-Chamond y Maxim-Nordenfelt, pues durante las pruebas todos ellos demostraron capacidades muy similares.

Se podría considerar al cañón de tiro rápido como el origen de las bocas de fuego modernas, y ya todas las que entraron en servicio a partir de este momento, serían de tiro rápido; hasta que con el tiempo, fue innecesario referirse a las bocas de fuego de la artillería de campaña como de tiro rápido


[1] Dicha operación consistía en volver a colocar el cañón en su posición de tiro, desplazando hacia adelante todo el conjunto del mismo pues, tras el disparo, había retrocedido.

[2] La munición engarzada es aquella en la que el cartucho metálico (vaina), conteniendo la carga de proyección, va unido al proyectil de forma permanente, por lo que en un mismo tiempo se cargan todos los elementos necesarios para hacer el disparo.

Cañón de tiro rápido de 7,5 cm Krupp, mod.-1895. +Info
(C. T.r. 7,5 cm. Krupp mod. 1895.)