MEJORAS POSTERIORES A LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
|
La cureña inglesa Tras la guerra de la Independencia se introducen nuevas mejoras que se van declarando de ordenanza de forma individual. La primera de ellas fue la cureña inglesa, denominada así por ser la que emplearon las tropas británicas en los cañones de campaña durante su participación en la Guerra de la Independencia. Este montaje sustituye las dos grandes gualderas del sistema Gribeauval por un mástil de madera al que se unen dos pequeñas gualderas que soportan el tubo. Los modelos de cureña inglesa llamados de 1829 y 1830 se emplearon por primera vez en los cañones de a 4, 8 y 12, generalizándose su empleo en la artillería de campaña. Sin embargo, en artillería de plaza y sitio no se introduce la cureña inglesa hasta el año 1846, en que se fabrican dos tipos: una, para el cañón de a 24 libras y el obús de 9 pulgadas corto; y otra, para el cañón de a 16 libras. Junto con la cureña inglesa se introduce también el armón y el carro de municiones. El armón no es más que una caja montada sobre el avantrén y que daba nombre al conjunto formado por el avantrén y el propio armón. El interior de la caja estaba diseñado para el transporte de municiones, que desde hacía ya bastante tiempo, se organizaban en cartuchos de tela, conteniendo en un solo elemento, tanto el proyectil, como la pólvora para el disparo. En la parte superior del armón se organizaba un banco para que dos sirvientes viajaran sentados en él. Al igual que en la época del avantrén, en el armón se enganchaba el argollón de contera de la boca de fuego para el transporte. El carro de municiones era una versión aumentada del armón, ya que por lo general disponían de dos cajas de municiones similares a la que montaba el armón. Acompañaban a las baterías, asentando en las proximidades de las piezas, suministrándoles la munición a medida que la iban necesitando. Puesto que la constitución del carro de municiones era muy semejante a la forma de las piezas con sus armones, podían seguir el ritmo de las baterías en el campo de batalla, no como los antiguos carros de munición, que al ser más pesados, eran más lentos. |
![]() |
Cañón de a 8 “Recuerdo”, sobre cureña inglesa. +Info
![]() |
Modelo de carro de municiones con armón. +Info
|
El obús largo. El primer obús no era más que la transformación del mortero en una pieza apta para ser empleada como artillería de campaña, disponiendo así de una boca de fuego en el campo de batalla capaz de disparar granadas[1], cuyos efectos destructores compensaban sus inconvenientes y su lentitud a la hora de hacer fuego. En la Ordenanza de 1783 aparece el obús de 7 pulgadas, similar al francés del sistema Gribeauval, aunque se mantiene el modelo de 9 pulgadas para las plazas, que ya se venía utilizando antes de dicha Ordenanza. Ambos eran lo suficientemente cortos como para cargarse a mano. Sin embargo, el obús empleado en campaña, el de 7 pulgadas, tenía un grave problema de tormento sobre la cureña, es decir, le transmitía mucha fuerza de retroceso debido, seguramente, a su poco peso y terminaba por romper la cureña en poco tiempo. En 1804 se probó el cañón maniobrero de Maturana, que era un cañón de a 8 pero con bastante menos longitud, aunque su tubo era más largo que los obuses disponibles hasta entonces. Disparaba tanto balas de 8 libras como granadas de 3 pulgadas, 9 líneas y 3 puntos y constituía el antecedente más lejano del obús largo, introducido posteriormente en España (alrededor de 1845). Sus pruebas en Sevilla fueron satisfactorias, aunque la granada que disparaba era de paredes muy delgadas y por lo tanto su efecto rompedor era muy pequeño. La Guerra de la Independencia paralizó el desarrollo de esta boca de fuego. En el año 1814, después de la guerra, se continúan las pruebas para avanzar en el diseño de un obús de campaña, intentando determinar la forma más ventajosa del obús, si convenía o no que tuviera recámara y los calibres y pesos más adecuados. Al comienzo de la década de 1840 se importó de Europa la idea del obús largo, y que respondía al concepto moderno de obús. Consistía en una boca de fuego diseñada para disparar con dos cargas: una fuerte, para trayectorias rasantes con gran velocidad inicial; y otra, débil, para el tiro por elevación, bien porque el objetivo estuviera más alto que la batería o bien porque fuera necesario batir el interior de una obra de fortificación. Debido a la poca pólvora necesaria para el disparo, sobre todo en el segundo caso, el cartucho que se formaba tenía forma de cilindro con muy poca altura, de manera que se atoraban o se desarmaban con mucha frecuencia al introducirlo en el interior del tubo. Por ese motivo, se diseñó una recámara de menor calibre que el resto del ánima, de modo que los cartuchos se hicieron más estrechos y largos y, gracias a la unión troncocónica entre el ánima y la recámara, resbalaban por sí solos hasta el fondo de la recámara. Además dicha forma troncocónica centraba la granada en el momento de cargar el obús. Nacieron así los obuses largos denominados recamarados, a diferencia de los obuses largos con igual diámetro de recámara que el resto del ánima. Hacia 1850, existían en servicio obuses largos de 7 pulgadas recamarados, de 6 ½ pulgadas (en las dos versiones, recamarados y sin recamarar) y de 5 pulgadas. Todos ellos fueron de ordenanza, excepto el obús de 6 ½ pulgadas recamarado. [1] La granada era un proyectil esférico similar a la bomba, esto es, con una carga interior explosiva, aunque su espoleta apenas asomaba por el exterior, lo que permitía dispararla con un tubo más largo que el del mortero. |
![]() |
Modelo de obús largo de a 6½ pulgadas. +Info
![]() |
Modelo de obús largo de 7 pulgadas, recamarado. +Info
![]() |
Diferencias entre un obús largo y un obús largo recamarado. +Info
|
Montaje de marco. En 1844 se adoptó para artillería de costa, el montaje de marco, conjunto formado por dos brancales (largueros) de madera dispuestos con una ligera inclinación, unidos mediante varios travesaños, sobre los que discurría la cureña propiamente dicha. El marco disponía de un eje de giro horizontal y unos resbalones o ruedas que permitían dirigir la pieza fácilmente en dirección con la delicadeza y oportunidad que requería el blanco móvil, sin que variara, además, la puntería por efecto del disparo. Se emplearon dos versiones: el denominado marco alto, para piezas a barbeta[2]; y el marco bajo, para piezas en casamata. Este tipo de montaje constituyó una de las principales innovaciones introducidas en la artillería de plaza y costa, del cual derivaron los futuros montajes de costa en torre individual o doble y, por extensión, los afustes de los materiales de artillería antiaérea. [2] Situadas en superficie. |
![]() |
Cañón de a 12 largo “Soraure” sobre cureña de costa y montaje de marco. +Info
|
Cureñas de hierro. Alrededor de 1845 se pensó en fundir cureñas de hierro para sustituir las de madera que debían mantenerse a la intemperie bien por ser plazas fronterizas o baterías de costa. De esta manera, los montajes de madera originales podían almacenarse en las mejores condiciones posibles y se aumentaría su duración. Se pensó en hacerlas lo suficientemente resistentes para los disparos de salva e incluso los disparos con bala para comenzar al menos a hacer fuego, si no hubiera tiempo de cambiar la cureña y montar la original de madera. A las razones iniciales, finalmente se unió el motivo económico, pues la fabricación de una cureña empleando hierro reciclado procedente de cañones y proyectiles inútiles, suponía un coste equivalente a un tercio del valor de una cureña de madera. El primer prototipo se fabricó en Sevilla, en el año 1845, con gualderas de esqueleto y dimensiones similares a la cureña sustituida. Después de una serie de pruebas, se fundió otra cureña con ligeras modificaciones y fue aligerada lo más posible, asegurándose que el tubo podía tomar por lo menos de 10 a 12 grados de inclinación y hasta 5 ó 6 de depresión. Esta segunda cureña fue sometida a múltiples ensayos, incluyendo disparos con bala, por una brigada de oficiales de artillería, con resultado satisfactorio. Tras las pruebas, se comenzó la fabricación en Trubia y en Sevilla de cureñas de hierro en número suficiente para dotar a las plazas marítimas donde la influencia atmosférica era más perjudicial para los montajes de madera. El primer modelo fabricado, en el año 1849, fue la cureña para cañón de a 24. Inicialmente, no se consideraba adecuado este tipo de montaje para su empleo generalizado en combate, pues la cureña de hierro producía muchas esquirlas al romperse como consecuencia del impacto de un proyectil enemigo. |
![]() |
Cureña metálica mod.- 1849. +Info