LA ARTILLERÍA RAYADA
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Aplicado con éxito a las armas portátiles desde 1826, sólo era cuestión de tiempo que el rayado del ánima se introdujera en la artillería. Vino a solucionar el grave problema de precisión, e incluso de regularidad, que sufría el proyectil esférico debido a la rotación no deseada del mismo durante el vuelo. Este giro tenía origen en la falta de simetría del proyectil o bien por la acción del viento. Antes del rayado se ensayaron proyectiles cilíndricos o de forma alargada, con resultados aún peores que con el proyectil esférico. Las primeras noticias sobre el rayado del ánima de los cañones preceden de Italia, donde un artillero llamado Cavalli desarrolló, hacia el año 1844/45, un sistema de rayado asociado a un proyectil de forma cilíndrica con punta redondeada, dotado de unos tetones[1]. La misión de los tetones era imprimir al proyectil un giro alrededor de su eje longitudinal de forma que, durante el vuelo, mantuviera siempre la misma posición; de esta forma se aumentaba la precisión. Constituye lo que hoy llamamos estabilización giroscópica. Además de la precisión, se gana en alcance, pues ya se puede disparar, con gran regularidad, más allá de lo que permite la puntería de punto en blanco[2]. Por este motivo, inicialmente solo se raya el ánima de los cañones, que comienzan a disparar mediante trayectorias curvas, y se abandonan momentáneamente los obuses y los morteros. Aunque pocos años después, también se rayaría el interior de los tubos de los morteros, pues seguía siendo necesario el tiro curvo en la artillería de plaza y sitio; y más tarde, los obuses. Durante los años 1855-60, los sucesivos combates ocurridos en Europa en los que intervino la artillería rayada, demostraron la superioridad de ésta, por lo que pronto, todas las naciones se apresuraron a disponer de dicha artillería. El 29 de noviembre de 1858, la Dirección General de Artillería dispuso que se ensayara el rayado de piezas de artillería, tanto en Trubia como en Sevilla, que eran los dos establecimientos principales de fabricación de piezas de artillería. El primer prototipo desarrollado en Trubia consistió en un obús barrenado al calibre de 16 cm, con tres rayas interiores diseñadas para un proyectil cilindro-ojival con aletas fundidas con el mismo proyectil, que pesaba 29 kilos. Las pruebas se realizaron en Gijón en mayo de 1859, obteniéndose alcances superiores a lo que se esperaba y una regularidad en los tiros que sorprendió por lo desconocida en la artillería de ánima lisa. Sin embargo, la pieza reventó al vigésimo disparo, lo que se atribuyó al exceso de carga y de peso del proyectil y a la dureza del material de sus aletas. Por su parte, en Sevilla se probaron cañones de a 4 con dos rayas primero, luego se rayaron tres y también cuatro rayas. Con todos ellos se obtuvieron alcances inusitados y gran regularidad en el tiro. Se hizo una prueba más con un cañón de 6 rayas de paso corto con buen resultado. De las pruebas de Trubia se adoptó un tipo de cañón de hierro rayado y sunchado (C.H.R.S.)[3] de 16 cm largo y otro, de las mismas características, corto; declarados reglamentarios el 6 de octubre de 1859 y 7 de abril de 1862, respectivamente. De los ensayos de Sevilla, se adoptó, con carácter provisional, una pieza de campaña de a 4, que se denominó de 8 cm al rayarla, declarada reglamentaria el 17 de agosto de 1859. A esta, le siguió un cañón corto del mismo calibre para montaña (19 de septiembre de 1859) y una pieza de 12 cm de reserva de campaña (30 de septiembre de 1859). Al año siguiente se añaden a la colección de piezas de ordenanza el cañón de bronce de 15 cm y el de hierro colado de 16 cm. Ambas piezas participaron en la Guerra de África y su alcance, precisión de tiro y efecto explosivo del proyectil, justificaron las esperanzas que se ponían en la nueva artillería. Tras la Guerra de África se continuaron los ensayos para perfeccionar la artillería rayada de avancarga, adoptándose como reglamentario el rayado de estrías trapezoidales para las piezas que en adelante se fabricaran o se transformasen por rayado de las lisas. Incluso, una vez adoptadas con carácter definitivo las piezas rayadas en sustitución de las lisas, se ordenó que todas aquellas que no pudieran ser rayadas a su mismo calibre, se volvieran a fundir. En artillería de costa se tardó algún tiempo en introducir los cañones de avancarga rayados. Los primeros modelos datan de 1867. [1] Los tetones no son más que unos resaltes colocados sobre el proyectil en dos zonas (cerca de la punta y del culote) que se introducen en las rayas del ánima. Un proyectil de este tipo puede verse en el tema dedicado a los nuevos proyectiles y sus artificios. [2] Ver el tema dedicado a la Evolución de las técnicas de puntería. [3] Hoy en día se denomina zunchado y consiste en añadir un refuerzo exterior al cañón, mediante un tubo diseñado para producir un ligero apriete contra el tubo original del cañón sobre el que se monta. |
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Tubo de cañón de bronce de avancarga, rayado. +Info
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Cañón de a 4 corto de avancarga, rayado. +Info
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Obús de Hierro Rayado y Sunchado de 21 cm. mod. 1872. +Info
(O.H.R.S.
de 21 cm. mod. 1872.)