LA RETROCARGA [1]

Ya en el comienzo de la artillería podía hablarse de retrocarga, pues a la caña de las bombardas había que añadirle por su parte trasera, un servidor con la pólvora. Este sistema de recamarado se ha seguido manteniendo a lo largo de la historia, apareciendo de vez en cuando algún nuevo modelo de este procedimiento, normalmente con poco éxito.

Lo cierto es, que a mitad del siglo xix, cuando aún no se había ideado ningún sistema de retrocarga válido, se tenía constancia de las ventajas que aportaría dicho sistema:

-       Mayor rapidez de tiro.

-       Capacidad de empleo de las piezas en lugares más pequeños.

-       Facilidad de limpieza, fundamentalmente a la hora de eliminar los residuos del cartucho.

Las primeras noticias sobre un sistema de retrocarga fiable aparecen en España de la mano de Víctor Duro, quien en el año 1842 firma un informe de la Dirección General de Artillería donde se cita el sistema Wahrendorff, de origen sueco. Se trata de un cañón de plaza y sitio destinado a montarse en el interior de una casamata, aprovechando la menor longitud del montaje necesario para el servicio en fuego de un cañón de retrocarga.

La confirmación de las pruebas efectuadas por el fabricante se obtuvo en el año 1847 y, poco tiempo después, una comisión de oficiales de la fábrica de Trubia, presidida por Elorza, se desplazó hasta Suecia para estudiar el cañón. A la vuelta de la comisión, se hizo traer un cañón a la fábrica de Trubia para comenzar las pruebas con dicho sistema, ya que en palabras del propio Elorza, era el mejor sistema de retrocarga estudiado hasta el momento. Incluso en el año 1855 ya se habían fundido en dicha fábrica varios cañones de sistema Wahrendorff en espera de que se autorizaran las pruebas con él. Y aunque los comienzos fueron prometedores, y varios países europeos adoptaron el cañón de este sistema, los estudios y pruebas fueron abandonados.

Aparece nuevamente el interés por la retrocarga a finales de la década de 1860. En este momento se tiene claro que un sistema de retrocarga fiable debe resolver el problema de la obturación, es decir, es necesario contener los gases de la pólvora en el interior del tubo, pues de otro modo, la erosión que ocasionaba el escape de gases por culata, aunque comenzara por una mínima cantidad de gases, pronto alcanzaba proporciones inadmisibles y deterioraba el cierre de forma irreversible. De igual modo, la recámara se cierra por delante con un proyectil que retiene los gases tras de sí, gracias a una envuelta de plomo que permite, además, que el proyectil adquiera la estabilización giroscópica proporcionada por el rayado. El resultado de la obturación de la recámara en ambos sentidos se traduce en un apreciable aumento de la precisión en el tiro.

La adopción, en el año 1867, como reglamentario del cañón de acero de 8 cm largo cargado por culata, del sistema Krupp pronto suscitó el estudio de la fabricación de cañones de bronce, también de retrocarga, imitando el trazado interior, cierre y rayado del cañón Krupp, e incluso, sus proyectiles, en la idea de constituir un sistema de artillería de bronce de retrocarga. De este modo, en el año 1868 se fabricó en Sevilla, un cañón de bronce de 8 cm, similar al Krupp, que tras las pruebas demostró ser igual o muy semejante a éste, en cuanto a resistencia y regularidad. Por ese motivo se declaró reglamentario al año siguiente, para ir sustituyendo a las piezas que se fueran inutilizando en los regimientos.

A este modelo le siguieron otros cañones de nuevo diseño, como el cañón de bronce de 10 cm o el de 19 cm que se fabricó en 1870; e incluso, la transformación en cañón de retrocarga de modelos existentes de avancarga. Este es el caso del cañón de bronce de 14 cm cargado por culata obtenido por transformación de los antiguos cañones de a 16 libras (13 cm), rayándolos y organizando un sistema de cierre en la culata.

Al finalizar la tercera guerra carlista, se intensificaron los estudios para conseguir artillería de retrocarga, que ya sería la única que se incorporaría a la artillería de campaña a partir de ese momento.

Inicialmente, la artillería de retrocarga adoptó el sistema de cierre de cuña, con obturador de anillo. Posteriormente se fue generalizando el empleo de cierres de tornillo, inicialmente con obturador de anillo. A lo largo del tiempo, se han mantenido los dos sistemas de cierre: cuña y tornillo. Sin embargo, los obturadores evolucionaron desde el anillo de cobre a los dos sistemas actualmente empleados: vaina y sistema Bange[1].


[1] Denominado así por su inventor, el oficial francés de Bange.

 

Proyecto de cañón de bronce de retrocarga. +Info

Cañón de bronce de 14 cm modelo 1871. +Info
(C. Bc. 14 Cm. C.c.)

Cañón de bronce de 10 cm. Krupp con armón.  +Info
(C. Bc. 10 Cm. Krupp).

 Obús de bronce comprimido de 21 cm. Plasencia mod. 1885/91.  +Info
(O. Bc. de 21 cm. Plasencia mod. 1885/91.)

Mortero de bronce comprimido de 9 cm Mata mod. 1891. +Info
(M. Bc. de 9 cm. Mata mod. 1891.)

Cuña de cierre con obturador Broadwell. +Info

Tornillo de cierre con obturador de anillo. +Info

Bloque de culata del obús 155/13 Schneider mod. 1917. +Info
(Ob. Ac. 15,5 Cm. T.r. Md.-1917)

Vaina metálica para cañón de 70 mm. +Info