EL TIRO SOBRE EL PLANO 

Aunque España no participó en la Gran Guerra, el Ejército, y en concreto la artillería, estudió con mucho detenimiento todas las innovaciones que surgieron durante la contienda, especialmente las relacionadas con el empleo táctico y técnico de la artillería.

Hasta ese momento, el capitán de la batería comenzaba el tiro marcando el punto exacto de la puntería en dirección de las piezas y estimando la distancia a la que se encontraba el objetivo.

Sin embargo, tras la I Guerra Mundial se modificó sustancialmente la estructura orgánica de la batería y se cambiaron radicalmente los procedimientos de tiro, pues las distancias de combate se habían ampliado y con ella los alcances de las piezas aumentando la ocultación de las mismas buscando una mayor protección, con lo que se hizo imposible que una sola persona (el capitán de la batería) fuera capaz de ver el objetivo a la vez que determinaba y ordenaba a las piezas los datos de puntería.

Por ello, se asignaron a la batería oficiales especialistas en observación y corrección del tiro que desempeñaban esta labor desde observatorios terrestres desplegados a vanguardia y bastante separados del asentamiento de las piezas, también desde globos[1] o dirigibles e incluso desde aviones, ya que este último medio permitía localizar con mayor precisión los objetivos.

También se incluyeron en la estructura orgánica de las unidades de artillería a todos los niveles, equipos topográficos que satisfacían las necesidades de información topográfica de su nivel y de las unidades inferiores hasta llegar al nivel más bajo, la batería.

Y por último, dentro de la estructura de la batería, apareció el puesto de mando de la misma, donde se llevaban a cabo, entre otras cosas, los cálculos necesarios para la puntería de las piezas. Para ello se recurrió al empleo del plano donde se situaban piezas, observatorios y objetivos y gracias a él se determinaban  distancias de tiro y, para efectuar la puntería en dirección se recurrió al empleo de orientaciones[2] que se transferían de un equipo topográfico a otro subordinado suyo, hasta llegar a las piezas.

Y así surgió lo que se ha dado en llamar la técnica del tiro sobre plano, pues sobre él se materializa la situación de los elementos que intervienen en el tiro y se determinan los datos de tiro con los que apuntar las piezas. Se distinguía entre datos topográficos, que eran los datos de orientación y distancia entre pieza y objetivo, y sus correspondientes datos balísticos, que eran los datos de puntería de la pieza: para la puntería en dirección, el ángulo denominado deriva, para la puntería en elevación, el alza, luego llamado ángulo de tiro; y, por último, la graduación de espoleta.

Para efectuar estos cálculos con rapidez y precisión se perfeccionaron las tablas de tiro gráficas, para hacerlas más precisas y de uso más sencillo, donde aparecían los datos básicos necesarios para determinar los datos balísticos.

Y al objeto de que los datos balísticos fueran lo más precisos posibles, se hizo necesario el conocimiento de todas las causas que modificaban la trayectoria de los proyectiles: densidad del aire, viento, temperatura de la pólvora, altitud del lugar, curvatura y rotación de la tierra, etc. También se profundizó en el conocimiento de los medios empleados en el tiro (piezas, pólvoras, proyectiles, artificios aparatos, etc.), apareciendo conceptos cuyo conocimiento es indispensable hoy en día para obtener la precisión que se le exige a la artillería: lotes de peso del proyectil, pérdida de velocidad inicial por desgaste del tubo, diferente velocidad inicial por el empleo de distintos lotes de fabricación de pólvoras, etc.

Parte de esos datos proceden de puestos y equipos meteorológicos que comenzaron a confeccionar informes específicos[3] para que las unidades de artillería tuvieran en cuenta la situación atmosférica en sus cálculos.

Por último, en esta época, también se incorporan a la estructura orgánica de la artillería unos elementos denominados de localización de objetivos, destinados a descubrir la presencia de objetivos más allá del alcance de los observadores terrestres desplegados por delante de las baterías, y especializados fundamentalmente, en localizar a la artillería enemiga. Dichas unidades cuentan con equipos de localización por la vista y por el sonido.

La localización por la vista no requiere explicación, pues se dedicaba a detectar fogonazos o el humo de los disparos de la artillería enemiga y situarlos en el plano. Por su parte, la localización por el sonido, consistía en una serie de micrófonos colocados directamente en el suelo, que recogían el sonido procedente de las bocas de fuego enemigas y determinaba su situación de acuerdo al desfase de tiempo con que llega a cada micrófono su sonido. El primer empleo de unidades de localización vista y sonido se produjo en las operaciones del desembarco de Alhucemas, en el año 1925.

Con estas unidades se podía descubrir el despliegue de la artillería enemiga y contrarrestar su acción ofensiva.


[1] Como se ha podido ver en la propia exposición, 125 años antes, el Real Colegio de Artillería ya había realizado una serie de experiencias (en Segovia y en El Escorial) para aprovechar las capacidades de observación de un globo.

[2] Orientación es el ángulo que forma una dirección cualquiera con respecto al norte del plano.

[3] Con el tiempo, dichos informes se llamaron Boletines Meteorológicos (BOMET)

Intersectógrafo. +Info

Mesa canevá de tiro y accesorios. +Info

Tabla de tiro gráfica. +Info

Declinatoria. +Info

Goniómetro italiano. +Info

Tablas de logaritmos. +Info

Cartera topográfica. +Info

Topografía artillera. +Info

Artículo del Memorial de Artillería. +Info

Barómetro registrador. +Info

Psicrómetro de Lowe. +Info

Radiosonda meteorológica. +Info

 

Goniómetro antena. +Info