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Fachada de San Francisco

La gran altura de los pisos orientados a la fachada, junto con la unión de las dos crujías que existían anteriormente en una única, permitió disponer entre otros de un local de unos 25 metros de longitud por casi 17 de ancho y una altura de 8,4. Estas dimensiones admitían instalar sin grandes dificultades el picadero cubierto en su parte inferior (actual capilla), y la sala de armas en la superior (hoy biblioteca). Se propuso cerrar el techo de la primera con cinco arcos de sillería de granito en vez de largas vigas de madera, para poder así soportar mejor los continuos ejercicios y entradas y salidas de los alumnos de la sala de armas.

Debido al retraso en las actuaciones, el 2 de abril de 1881 el Ayuntamiento, en su deseo por mejorar no sólo la fachada sino también que la Academia contara con todos los elementos necesarios para la más óptima distribución de sus locales, se ofreció de nuevo a reemprender las obras necesarias con sus propios recursos. Sin embargo, la penuria en la que se encontraba el Consistorio hizo que sólo participara en esta restauración con una mínima cantidad económica, sin llegar a finalizarlas.

A pesar de las obras esporádicas que continuaban llevándose a cabo, en 1892 el estado de la fachada continuaba siendo pésimo. El principal escollo radicaba como se ha mencionado más arriba, en el hecho de que desde su entrega al Cuerpo de Artillería éste se había encargado de conservar con sus fondos parte del edificio, en tanto que el Cuerpo de Ingenieros era responsable del resto.

A la vista de los inevitables gastos que se preveían, a consecuencia esta vez de tener que ampliar las instalaciones por el mayor número de alumnos que se esperaba, el coronel director solicitó que el Cuerpo de Ingenieros se hiciera cargo de las obras de «sostenimiento y reparación» de todo el cuartel, al mismo tiempo que solicitaba se ejecutasen las de la fachada.

Afortunadamente, el 21 de septiembre de 1893 se dispuso que el Cuerpo de Ingenieros, en lo que concernía a las obras de mantenimiento, se hiciera cargo de todo el edificio en la misma línea que lo estaba de los demás cuarteles del Ejército, hecho que se formalizó durante el mes de octubre.

Una vez responsabilizada del mantenimiento la Comandancia de Ingenieros de la plaza, la Academia redactó, en julio de 1894, un proyecto con las obras más necesarias que fue aprobado en agosto del mismo año. Se expuso entre otros asuntos que la cubierta de la parte del edificio contiguo a la calle de San Francisco había desaparecido, en parte por el hundimiento de tres cerchas, amenazando las demás con hundirse. Asimismo, se encontraban desplomados «en grado sumo el frontón y cornisa general del muro de fachada». El ingeniero propuso desmontar lo afectado y dejar para más adelante la reconstrucción, ya que los locales que cubrían no necesitaban una reparación urgente.

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