Entrevista al general Alfredo Sanz y Calabria

El general analiza la institución que dirige en el 250 aniversario de su fundación y defiende su papel en una sociedad a la que cree que “le cuesta percibir” el intento de abrirse a ella en una entrevista para ICAL

Más de 11.500 oficiales y 4.500 suboficiales han pasado por la Academia de Artillería de Segovia en su larga historia. Cumplirá 250 años el próximo 16 de mayo y el general Alfredo Sanz y Calabria (Madrid, 1959) es su director desde hace apenas dos.

Diego de Miguel /ICAL - Alfredo Sanz y Calabria, general director de la Academia de Artillerí­a de Segovia

Diego de Miguel /ICAL – Alfredo Sanz y Calabria, general director de la Academia de Artillerí­a de Segovia

Tomó posesión del cargo el 7 de febrero de 2012, aunque su vínculo con el centro de formación militar en activo más antiguo del mundo se remonta más de tres décadas, ya que formó parte de la promoción de 1981.

En su entrevista con Ical, valora el pasado de la institución y analiza un presente en el que la crisis ha reducido de forma “importante” incluso el gasto en alimentación para los militares, pero reafirma la capacidad del Arma para ganarse un futuro cargado de retos.

No hace falta remontarse 250 años para comprobar una auténtica revolución en el Ejército y, por tanto, en la Academia de Artillería. Basta con mirar tres décadas atrás, por ejemplo…

Sí. Yo de hecho ingresé en las Fuerzas Armadas en 1976, justo después de la muerte de Franco, y desde luego entonces no me podía imaginar que íbamos a pasar de tener un Ejército territorial a uno de proyección, que íbamos a vernos destinados en lugares tan extraños como Afganistán, Libia, Malí o Líbano; o la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas. Pero imagino que los españoles tampoco tenían muy claro qué iba a ocurrir con el proceso de democratización del país. En el fondo la vida es cambio, o te adaptas a él o te arrastra, y los artilleros en ese sentido tenemos una aspiración permanente a liderar el cambio, eso es lo que nos obliga a ser innovadores.

Quizá la pregunta más habitual sea qué ha aportado la academia a la sociedad, pero planteada de otro modo, ¿qué le faltaría a la sociedad sin la academia?

Si esta academia no existiera, seguramente se hubiera producido un retraso muy importante en la industrialización de España y en la introducción del método científico dentro de los estudios universitarios y de la organización del pensamiento en general. Esa ha sido la gran aportación de la Academia de Artillería a la sociedad desde su fundación. Luego hay otros temas que también son muy importantes: los artilleros hemos sido los impulsores de la custodia de muchos de los elementos que hoy en día están en nuestros museos y archivos. El Archivo General Militar de Segovia es un invento de un artillero, y el Museo del Ejército nace a partir del Museo de Artillería e Ingenieros. Es decir, que nosotros hemos sido muy responsables con la tradición, pero al mismo tiempo hemos estado en la punta de lanza de la innovación. ¿Podrían haberse producido estas mismas cosas sin los artilleros? Seguramente sí, pero probablemente se hubieran retrasado 50 años.

¿Con qué ejemplo concreto se queda del papel de la institución artillera en la industrialización de este país?

Con la fábrica de armas de Trubia (Oviedo), sin duda. Es el foco a partir del cual (desde 1795-1796) se produce el desarrollo de la industria siderúrgica en toda la cornisa cantábrica, y eso es clave. El horno alto de cok es el que verdaderamente produce la revolución siderúrgica e industrial, y allí se montaron los dos primeros. Y además, como Trubia tenía una magnífica escuela de aprendices, en ella se formaron los que luego pasaron a ser los operarios cualificados que se extendieron a lo largo de toda la cornisa cantábrica, permitiendo el desarrollo de su industria siderúrgica, que ha sido luego clave en el funcionamiento del resto de España prácticamente desde mediados del siglo XIX.

Sólo desde la tradición se puede avanzar, según suele subrayar, ¿qué debe conservarse?

Sobre todo los valores. La tradición es importante porque, con un buen análisis de la historia, se pueden aprender lecciones para no repetir errores en el presente y el futuro. Por otra parte, la tradición nos permite asentar valores claves en el funcionamiento de cualquier institución. Los artilleros siempre hablamos de unos valores muy típicos para nosotros: trabajo en equipo, laboriosidad, lealtad, compañerismo, innovación permanente desde el respeto a la tradición… Son valores claves en nuestro argumentario y no se podrían entender sin el concurso de la tradición, que ha ido depurando ese proceso. Pongamos como ejemplo un niño: cuando nace tiene un mundo lleno de posibilidades, y es la vida la que de alguna manera va configurando los valores que sustentan su existencia, qué le importa más: la generosidad, la solidaridad, mantener su propio beneficio… Eso se lo va dando su propia experiencia, y si hacemos un símil, la tradición lo que te permite es ir depurando esos valores.

Pero este ‘niño’ ya tiene casi 250 años, con la edad a uno le suele costar más renovarse…

La gracia de una institución es precisamente su capacidad para renovarse. La institución debe permanecer, son las personas las que debemos cambiar. Una institución se caracteriza por la existencia de unos valores y una forma de ser que le dan cierto sentido. Si tiene una cultura sólida y unos valores, lo que hace falta a continuación es que las personas que trabajan en ella se adapten al paso del tiempo. Pasa con el Estado, con la Iglesia o también con otras cosas más cercanas y pequeñas como los propios medios de comunicación, que hoy pueden considerarse en conjunto como una institución, y sin embargo están en permanente renovación.

Uno de sus objetivos prioritarios desde que accedió a la dirección de la academia es abrirla más a la sociedad, ¿cuesta conseguirlo?

Abrir la academia a la sociedad no cuesta, lo difícil es que la sociedad perciba que la academia se abre. En Segovia es una institución muy querida y muy apreciada: hace poco, por ejemplo, unos miembros de la academia fueron a pegar unos carteles en nuestro muro, iban vestidos de paisanos y tuvimos que llamar a las fuerzas del orden para evitar que unos vecinos les pegaran porque les confundieron. Sin embargo, al segoviano le cuesta mucho entrar en la academia.

¿Qué imagen cree que proyecta la academia?, ¿cuál es el error de percepción más habitual?

Quizá se ve a los militares, o a los artilleros, como un bloque único, cuando aquí hay de todo. Los hay más o menos liberales, más o menos demócratas, de izquierdas, de derechas… Ocurre como en cualquier otra profesión: en los bomberos habrá de todo, y aquí lo mismo. Y la segunda cuestión es que como la imagen del militar se asocia siempre a los desfiles, que están estudiados para causar un efecto de seriedad, rigor y organización… Se asocia al militar con esa idea y eso está muy bien, pero claro, la sociedad no se da cuenta muchas veces de que también tenemos una vida privada: también nos gusta salir, tomar unas cervezas, charlar, nos reímos… En nuestro trabajo somos serios porque el negocio en el que estamos metidos es muy serio, pero luego más allá de eso pues en fin… Muchas veces la percepción es de distancia, de una lejanía que tampoco se ajusta demasiado a la realidad.

¿Se sigue identificando al militar con el arquetipo tradicional?

En la relación con los medios de comunicación es particularmente molesto cuando hay cualquier situación desagradable con un militar implicado, algo que sucede a veces porque en un colectivo grande siempre hay de todo. Se escribe ‘un militar mató a su pareja’, por ejemplo, cuando yo no he leído jamás ‘un periodista mató a su pareja’. En esos dos casos, y en cualquiera, se trata de ciudadanos, ¿por qué se tiene que tratar a un militar en este tipo de asuntos de una manera diferente al resto de la sociedad? Creas un arquetipo sin sentido con un asunto que no es relevante, sino circunstancial. De alguna manera asocias al militar con la violencia en estos casos, cuando los militares se instruyen para la violencia, y precisamente por eso lo primero que se hace al formarle es algo que no ocurre con el resto de la sociedad, que es enseñarle a controlar esa violencia. Siempre puede haber excepciones, pero es mucho más fácil encontrar violencia en el resto de la sociedad que dentro de las Fuerzas Armadas.

¿Si la formación ocupa sólo el 35 por ciento de la actividad de la academia, a qué se dedica el 65 restante?

Nosotros tenemos cuatro patas: por una parte hacemos formación, el 35 por ciento aproximadamente; pero luego por la academia pasan, al menos dos veces cada año, todas las unidades de Artillería para hacer instrucción y adiestramiento, ejercicios para validar cosas, preparar despliegues en el extranjero y cosas de ese estilo. En tercer lugar, en la academia se generan requisitos para nuevos tipos de armas, estudios de investigación sobre desarrollos posteriores industriales, o de organización o procedimientos, manuales de empleo de materiales, procedimientos nuevos de instrucción y adiestramiento… Y luego hay una cuarta pata, fundamental también, y es que el general de la academia es el custodio de las tradiciones y la historia de toda el Arma de Artillería. Se trata por ejemplo de velar por que la simbología que se emplea sea la adecuada cuando una unidad necesita cambiar una bandera o un himno.

Además ha bajado el número de oficiales, ¿no?

Ahora tenemos pocos, 27. Es normal porque ahora, con el proceso de reducción de las Fuerzas Armadas, necesitamos menos que hace unos años; aunque también es verdad que ahora estamos quizá un poco por debajo de los necesarios. Pero eso viene asociado a la oferta pública de empleo y la reducción general de la Administración del Estado, que nos está poniendo en unos límites quizás un poco por debajo de lo que las propias necesidades del Ejército demandarían.

Son muchos más los que se quedan fuera del Ejército que los que entran…

Ocurre en todas las escalas. Ahora mismo la demanda es muy elevada por dos razones fundamentales. La primera es porque evidentemente la situación económica del país es la que es, hay una tasa de paro elevada y la gente ve las Fuerzas Armadas como una buena salida. Y por otra parte, porque gracias a la labor que se ha hecho en los últimos 30 años, las Fuerzas Armadas, junto con la Guardia Civil, somos de las instituciones más valoradas del Estado, tal y como revelan las encuestas del CIS.

¿Qué supone en ese sentido para la academia la próxima obtención del certificado de excelencia de la Fundación Europea para la Gestión de la Calidad?

Es bueno que la sociedad sepa que tiene instituciones en las que puede confiar, y no porque la institución lo diga, sino porque un sistema externo completo de evaluación permite comprobar que nos adecuamos a los estándares de lo que la sociedad demanda en cada momento.

Recientemente comentaba que la academia vive momentos de máxima austeridad, ¿en qué se traducen?

Esto hay que matizarlo. Tanto el Ministerio como el Ejército de Tierra están haciendo un esfuerzo enorme para que, habiéndose reducido los presupuestos de Defensa de 8.000 a 5.000 millones de euros en cinco años, que ya es dinero, las academias en general casi no lo sintamos para las tareas que realizamos en general. En los dos últimos años solo he tenido que suspender un ejercicio por falta de fondos. Sí se está notando mucho en temas relacionados con la calidad de vida, como en la limpieza de la academia o en la alimentación. Ahí se ha sufrido una merma importante en los fondos, y eso significa más implicación y esfuerzo de todo el personal para mantenerla limpia y presentable.

¿Le está tocando al personal de la academia asumir más servicios relacionados con la limpieza?

Hemos tenido que asumir labores de limpieza en todas las áreas de la academia y con todo su personal. Ese servicio está externalizado, y si a ese servicio le pagas menos, lógicamente te ofrece menos. Entonces nos supone problemas en la vida diaria; nada insoslayable, nada insalvable, pero evidentemente son molestias que no te queda más remedio que asumir y que te distraen muchas veces de lo que es el trabajo principal, que es formar a los alumnos, hacer buenos procedimientos, instruir y adiestrar a las unidades que pasan por aquí y atender a las tradiciones y la historia de nuestra gente.

¿Y la calidad de la alimentación ha bajado?

La academia tiene unos cocineros propios, personal laboral de Defensa, y son extraordinariamente buenos. Pueden competir fácilmente con muchos de los que hay en otros sitios y, de hecho, muchos tienen sus propios negocios. No desmerecen en absoluto pero claro, si los productos de los que disponen para hacer la comida no tienen la calidad acostumbrada, obviamente al final se resiente la calidad de lo que comes por muy bueno que sea el cocinero. Si en lugar de filetes hay carne picada te comes unas albóndigas, que están muy buenas pero en fin, no es lo mismo…

En realidad habrá vivido tiempos más austeros. El tiempo de ‘suplir con celo’ cualquier carencia en el Ejército y en la academia ya pasaría…

Eso es verdad, en el ámbito de las academias las cosas no están mal. Recuerdo que en mi época de alumno (1980) en esta academia, por ejemplo, sólo disponíamos de una hora de calefacción diaria, lo cual en un sitio como Segovia era muy duro y muy difícil. Ahora mismo aquí no se pasa frío, y este tipo de cosas se notan.

Quizá la relativa seguridad que vive el país desde hace décadas, unida a la crisis económica, resta apoyo social a las inversiones en Defensa y, por ende, en la academia…

Es el famoso dilema de ‘los cañones o mantequilla’, y eso se nota más en tiempos de crisis. El español percibe los riesgos que ve y se le explican, temas cercanos y tangibles como la crisis y el paro. Es normal, y en este caso hay que hacer una tarea pedagógica muy importante desde todos los ámbitos, empezando por el Gobierno y siguiendo por los medios de comunicación. Hay que explicar cosas como por ejemplo que existe una relación directa entre que un grupo de Al Qaeda tome una planta de gas en Argelia y el incremento del recibo de la luz (ocurrió en enero de 2013 y una intervención militar internacional neutralizó el atentado). Si esa planta llega a estar sin producir más tiempo, la subida no habría sido del seis por ciento, sino del 13. La crisis de Ucrania también va a tener repercusiones, ¿y entonces cómo se aborda esto? Con diferentes herramientas, y las Fuerzas Armadas son una de las que deben estar a disposición del Gobierno para atajar este tipo de crisis.

Respecto a usted, le quedan menos de dos años para cumplir los cuatro que puede estar como máximo en el puesto, según la ley de Carrera Militar, ¿la idea es agotar ese plazo?

Sí.

¿Está satisfecho de su labor en este periodo?

Sólo puedo decir que tengo un equipo extraordinario, y eso hace que cualquier trabajo sea fácil incluso en un tiempo tan difícil como el que vivimos ahora, en el que la academia se ve envuelta en múltiples frentes a la vez: acabamos de poner en marcha el nuevo sistema de formación de suboficiales; y el año que viene, un nuevo sistema de formación de oficiales; estamos celebrando un 250 aniversario, con la repercusión que se ve que está teniendo; vamos detrás de una certificación de calidad, y todo eso lo estamos haciendo con un equipo muy reducido: 144 mandos, unos 110 de tropas y el resto, alumnos y personal civil hasta casi medio millar de personas. Así que esto sólo se puede hacer con un equipo perfectamente cohesionado y organizado, de manera que supone una satisfacción enorme.

¿Da tiempo de desarrollar un proyecto de dirección en cuatro años?

En esto tienes que encontrar un equilibrio porque llega un momento en el que, por más que quieras, no puedes tener más ideas y al final te conviertes en una rémora para la renovación del propio sistema. En el caso de un centro como este, tres o cuatro años para la dirección creo que es un tiempo muy razonable, porque organizaciones como ésta se tienen que mover muy deprisa para sobrevivir, exigen que haya cierta fluidez y renovación en la dirección.

¿Y la academia tiene el horizonte despejado para sobrevivir en Segovia?

Ahora mismo sí, la academia goza de muy buena salud. ¿Qué pasará en el futuro? Pues no tengo una bola de cristal, ya veremos, pero ahora mismo no hay problema.
Para leer la entrevista completa seguir este enlace a ICALNEWS

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