Acto de despedida de los alumnos de la Academia de Artillería

Al acto acudieron tanto el personal de la Academia como muchas de las autoridades civiles y militares de Segovia, que quisieron compartir dicho día con la Academia de Artillería.

Acto de despedida de los alumnos de la Academia de Artillería

El pasado 28 de junio tuvo lugar a las 12:00 horas en el Patio de Orden de la Academia de Artillería el acto de despedida de los Caballeros Alféreces Cadetes de 5º Curso de la Enseñanza Militar para Acceso a la Escala de Oficiales (EMIEO) y los Sargentos Alumnos de la Enseñanza Militar para Acceso a la Escala de Suboficiales (EMIES).

El acto se inició con la recepción del Estandarte, y a continuación, se rindieron honores a la Autoridad que lo presidió, el General Director de la Academia de Artillería, Excmo. Sr. D. Alfredo Sanz y Calabria, quien, posteriormente pasó revista a la formación.

Después de la entrega de condecoraciones al personal de la Academia, se entregó el Premio Huelin al Teniente Coronel CGET Artillería Escala de Oficiales D. Luis Algara Fuentes como profesor más destacado por sus valores morales, militares, técnicos y docentes, manifestados durante el curso académico. El premio Huelin fue creado durante el curso 2008/2009, según el convenio de colaboración suscrito entre la Academia de Artillería y los herederos de D. Pablo Huelin Ruiz-Blasco (Comandante de Artillería fallecido el 11 de abril de 1969 en acto de servicio, por accidente de helicóptero, en Guadalix de la Sierra, siendo profesor de la Academia de Artillería).

Este año, además, y con motivo del 250 Aniversario de la Inauguración del Real Colegio de Artillería, se entregó una reproducción de la Estatua Minerva, diosa de la sabiduría, al General Director de la Academia de Artillería D. Alfredo Sanz y Calabria, como reconocimiento a todo el personal de la Academia por el trabajo realizado a lo largo de este año.

Acto seguido, Clara Luquero de Nicolás, Alcaldesa de Segovia, inició su discurso recalcando la importancia que tuvo el Real Colegio de Artillería en la renovación estructural de la enseñanza en la España del siglo XIX, logrando unir la teoría, la práctica y la investigación, dando un aire modernizador a la ciencia, industria y tecnología, que acabó siendo aplicado satisfactoriamente en las industrias españolas de aquella época. Y finalizó su alocución felicitando a todos los alumnos que finalizan sus estudios deseándoles suerte en sus futuros destinos.

Entrega de despachos a los alumnos de la Academia de Artillería

A continuación los alumnos recogieron por un lado su Certificado de Estudios y por otro lado su Título de Segoviano Honorario, título que el Excelentísimo Ayuntamiento de Segovia, entrega a todos los artilleros que cursan sus estudios en la Academia desde el año 1952.

Asimismo la Alcaldesa de Segovia entregó un premio a los números uno de 5º Curso de EMIEO, así como a los números uno de EMIES en sus especialidades de Artillería de Campaña y Antiaérea y Costa.
Posteriormente los alumnos que se despedían de la academia de Artillería, desfilaron para despedirse del Estandarte en un emotivo acto parta todos ellos.

Fue entonces, el momento de las palabras del General Director de la Academia de Artillería, el cual instó a los alumnos a mirarse sus hombreras, señalándoles que las estrellas o galones que ya empiezan a vislumbrar les van a convertir en oficiales y suboficiales del ejército español. Pero no les hará líderes. Desde luego no los líderes que España necesita, los líderes de los hombres y mujeres que van a depositar en ustedes su confianza –toda su confianza-, para llevarles al combate.

Por eso el General Director les señaló que en un mundo cambiante como el que vivimos, es preferible regirse por principios que, al ser abstractos, siempre son más flexibles; antes que por recetas, ya que las más de las veces no se adecúan a la situación. Recordemos: voluntad de vencer, libertad de acción y capacidad de ejecución. Corazón, cabeza y manos.
Finalmente, el General les indicó que todos ellos tienen un reto apasionante: hacer una España y un mundo mejor. Para ello, toda esta Academia, desde quien les habla hasta el jardinero, ha hecho todo lo humanamente posible para estar a la altura del mismo; ahora, la responsabilidad es suya.

El acto continuó con el Homenaje a los caídos, para finalmente entonar el Himno de los Artilleros y posterior desfile de la unidad formada.

PULSAR EN EL ICONO PARA DESPLEGAR LECCIÓN DE FIN DE CURSO COMPLETA

Acto de despedida de los alumnos de la Academia de Artillería

LECCIÓN DE FIN DE CURSO 2014

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades, señoras y señores, Artilleros:

Hace algo más de un mes escuchábamos, de labios de nuestro Jefe de Estudios, un resumen de la oración de apertura de la Real Academia de Caballeros Cadetes del Real Cuerpo de Artillería que, 250 años antes, había pronunciado su antecesor: el Padre Antonio Eximeno.

Fue en el curso de un acto del que quiero destacar tres aspectos:

En primer lugar, que tuvimos el inmenso honor de que estuviera presidido por el Rey Juan Carlos, en la que fue una de sus últimas intervenciones como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.

En segundo lugar, que tuvimos el privilegio de contar con la presencia de todas las Unidades de Artillería, representadas por sus jefes, suboficiales mayores y guiones. Una muestra clara del papel central que juega la Academia en la vida del Arma, y del espíritu de colaboración que a todos nos anima, así como del apoyo que las Unidades prestan a su Academia en todo momento.

En tercer lugar, y no por ello menos importante, porque lo hicimos al pie del Alcázar, nuestro Alcázar, ante la atenta mirada de todos los segovianos; unos, presentes, y otros representados por quienes tienen la obligación de hacerlo, dando fe de la unión que existe entre Segovia y la Artillería.

Señores Alféreces de la 302 promoción y señores sargentos de la XXXIX: guarden en el fondo de su memoria las imágenes de ese día, porque la fuerza de las mismas puede ayudarles muchas veces a lo largo de su vida.

No tengan duda de que en esta profesión que han escogido, una profesión noble y honrosa, la profesión de las armas, habrá momentos difíciles y necesitarán echar mano de todo lo vivido, de todo lo aprendido, de todo lo sentido, para hacer frente a las crisis… que llegarán.

Ustedes –como yo-, saben, sabemos, que lo nuestro es algo más que un oficio o un trabajo: es una vocación, que se vive intensamente las 24 horas del día, todos los días del año.

Es una vocación de servicio. De servicio a los demás –de servicio a los españoles-, porque para eso estamos los militares: para servir. “Servir hasta la última gota de nuestra sangre, si fuera preciso”, como hemos jurado o prometido, y hoy han refrendado al despedirse de la Bandera de la Academia.

Pero también servir en ese heroísmo diario, mucho más difícil a veces, porque no se sustancia en ese instante fugaz que puede llevarte a la gloria o a la muerte, -o a ambas cosas a la vez-; sino que se alarga a toda la vida, a cada minuto de nuestra existencia, a la incomprensión, al aburrimiento, a la falta de ilusión, a todo aquello que hace que una vocación entre en crisis.

Vocación y crisis van cogidas de la mano, y si no las han tenido hasta ahora, las tendrán, y habrán de enfrentarse a ellas con lo mejor que tengan.

El recuerdo del pasado 16 de mayo, esta Academia, su promoción… todo eso debería ayudarles a superar los malos momentos, pero serán ustedes y nada más que ustedes, consigo mismos, los que tendrán que asumir la responsabilidad de sus propias decisiones.

Por esa razón, ahora les voy a pedir que, por un momento, rompan el rígido protocolo de cualquier acto militar y que se miren las hombreras.

Háganlo.

En las de los alféreces ya empiezan a aparecer los brillos de la segunda estrella; en las de los sargentos, el galón dejará de ser eventual para convertirse en definitivo.

Eso les va a convertir en oficiales y suboficiales del ejército español. Pero no les hará líderes. Desde luego no los líderes que España necesita, los líderes de los hombres y mujeres que van a depositar en ustedes su confianza –toda su confianza-, para llevarles al combate.

Esa confianza se gana sobre la base de su competencia profesional y su personalidad, lo que debe obligarles a reflexionar frecuentemente sobre lo que con mejor o peor fortuna hemos tratado de inculcarles en estos años de formación.

Sus profesores, apoyados por todo el personal de la Academia, hemos tratado de darles la educación noble e ilustrada a la que se refería el General García-Loygorri, y que debería convertir en virtudes los valores que nos caracterizan: lealtad, rigor intelectual, laboriosidad y trabajo en equipo, e innovación permanente desde el respeto a la tradición.

Pero, a partir de este día, están solos. Así que reflexionen, y cuando lo hagan recuerden lo que decía Eximeno:

“El Arte de la Guerra, dice Federico Rey de Prusia, se debe estudiar como cualquiera otra ciencia: se deben estudiar sus principios y gobernarse en la práctica por ellos. Es cierto que estor principios deben estar apoyados de la misma experiencia, pero ningún hombre es capaz de hacer por si las experiencias necesarias para establecer un solo principio”

¿Por qué? ¿Se han preguntado por qué decía esto Eximeno? ¿Se han preguntado por qué hemos hecho un esfuerzo notable, en estos años, por inculcarles principios?

Tal vez sea el momento de poner todo en su contexto.

En un mundo cambiante como el que vivimos, es preferible regirse por principios que, al ser abstractos, siempre son más flexibles; antes que por recetas, ya que las más de las veces no se adecúan a la situación.
Principios…

La Doctrina española viene recogiendo los así llamados principios del arte de la guerra, desde que los enunciara con algún matiz el General Vicente Rojo, infante y republicano. Recordemos: voluntad de vencer, libertad de acción y capacidad de ejecución. Corazón, cabeza y manos.

Voluntad de vencer: el corazón. Ustedes han superado un exigente plan de estudios. ¿Habrían tenido éxito si no hubieran dispuesto de una férrea voluntad de vencer? Apliquen esa misma voluntad de vencer a todo lo que hagan en su vida, especialmente a ustedes mismos, porque casi siempre, para modificar su entorno, habrán de empezar por modificarse a ustedes mismos. Voluntad de vencer, que habrá de llevarles a moderar sus pasiones o a incendiarlas, dependiendo de las necesidades del momento.

Libertad de acción: la cabeza. Vivimos en una sociedad presuntamente libre, como si la libertad fuera una condición otorgada y un bien colectivo. No es cierto. La libertad es íntima e individual, y se conquista y se mantiene en una lucha diaria. Día a día habrán de luchar por ella y para ello habrán de romper moldes, ser críticos, especialmente con ustedes mismos, porque no hay mayores cadenas que las que uno mismo se impone. Un viejo refrán español dice que siempre que Dios cierra una puerta, abre al tiempo una ventana. Su libertad debe llevarles a buscar esa ventana, esté donde esté. No se empeñen en recorrer caminos que ya sabemos que no llevan a ninguna parte. Sean valientes, y traten de ser libres, al menos, en su pensamiento.

Capacidad de ejecución: las manos. Para hacer algo, cualquier cosa, hacen falta medios… pero no los que uno quiera, sino aquellos de los que se dispone. Oirán muchas veces a lo largo de su vida: “no se puede”. Pocas veces será cierto, pues casi siempre será un “no se sabe” (la cabeza), o peor aún, un “no se quiere” (recuerden, el corazón). Si se quiere y se sabe, casi siempre se puede. Para ello deberán ser muy realistas y aspirar, al tiempo, a lo imposible. Y trabajar, trabajar duro, para conformar equipos. Equipos bien instruidos, equipos bien adiestrados, que cubran las naturales limitaciones de cada uno de sus miembros y las suyas propias a fuerza de profesionalidad e ilusión.

Tienen ustedes un reto apasionante: hacer una España y un mundo mejor. Para ello, toda esta Academia, desde quien les habla hasta el jardinero, ha hecho todo lo humanamente posible para estar a la altura del mismo; ahora, la responsabilidad es suya.

Así que mantengan la vista en el futuro, porque el futuro les pertenece; pero vuelvan, vuelvan de vez en cuando, vuelvan a esta Academia, vuelvan a su promoción, vuelvan a Segovia, que hoy les ha hecho hijos adoptivos. Nos alegraremos de verles convertidos en los oficiales y suboficiales que España necesita.

Gracias por su atención.

Posted in: