Lección del Padre Antonio Eximeno

El Oficial de Artillería “debe ser un gran matemático, un grande histórico, un gran político, un gran filósofo, un héroe”
(Antonio Eximeno S. J. 16 – V – 1794)
“Oración de apertura de la Real Academia de Caballeros Cadetes del Real Cuerpo de Artillería”

El Oficial de Artillería “debe ser un gran matemático, un grande histórico, un gran político, un gran filósofo, un héroe”
(Antonio Eximeno S. J. 16 – V – 1794)
“Oración de apertura de la Real Academia de Caballeros Cadetes del Real Cuerpo de Artillería”

ORACION
QUE EN LA ABERTURA
DE LA REAL ACADEMIA
DE CABALLEROS CADE’TES
DEL REAL CUERPO
DE ARTILLERIA
NUEVAMENTE ESTABLECIDA POR S. M.
EN EL REAL ALCAZAR “DE SEGOVIA
DICHO
El Padre Antonio Eximeno, de la Compañia
de Jesus, Profesor Primario de dicha
Academia,
En el día 16 de Mayo de 1764.
EN MADRID : En la Imprenta de Eliseo Sanchez, Plazuela de
Santa Catalina de los Donados. Año de 1764.

AL REY
NUESTRO SEÑOR.
Los Caballeros Cadetes del Real Cuerpo
de Artillería.

SEÑOR.
LA Oración que ponemos a
los Pies de V. M. es la primera lección que se nos ha dado en el Colegio Militar del Real o Cuerpo de Artillería. Su fin y el nuestro es uno mismo, lograr por medio de la buena educación el conocimiento científico, necesario é inexcusable para desempeñar el Servicio de V. M. en la ardua y distinguida carrera de las Armas. Con el mismo espíritu con que en ella se hacen patentes las circunstancias de un buen Soldado, con el mismo pretendemos nosotros aprenderlas para ejercitarlas. Como Vasallos de V. M. queremos trasladar a la Posteridad sus benignidades, por ser el único objeto de nuestro amor
y veneración; pero como Alumnos de este Colegio, que V. M. se ha dignado fundar, deseamos estampar con nuestra sangre su glorioso Nombre en los Fastos de la Inmortalidad al

lado del de Alexandro, Augusto,
Luis el Grande, Felipe
Quinto y demás Príncipes
Protectores de las Ciencias y Arbitros Soberanos de las Armas.
ORACION
SOBRE LA NECESIDAD DE LA TEORICA
PARA DESEMPEÑAR EN LA PRACTICA
EL SERVICIO DE S. M.
YO no sé, Señores, si pensara alguno que se renueva hoy en este Real Alcázar la ridicula escena del Declamador Formion , que quiso hablar del arte de la guerra en presencia de Aníbal y sus oficiales : el General Cartaginés , aquel que hizo temblar los muros de Roma , no pudo disimular el fastidio que le causaba un hombre tan necio , que no habiendo jamás empuñado una lanza quería que las victoriosas tropas de Cartago oyeran de su boca lecciones del arte militar. Parece si no me engaño que me veo yo en semejantes circunstancias. Delante de mis ojos veo al brazo derecho de la Nación Española , al distinguido Real Cuerpo de Artillería , a cuya sola presencia no solo temblaron sino que cayeron a poco los muros de Almeida : a su frente veo Jefes ancianos , cuyas canas cubiertas del polvo de la guerra me infunden respeto y temor : veo Oficiales jóvenes llenos de espíritu y de luces , en las cuales afianza la España el esplendor de sus Armas. Y en esta Asamblea debo yo hablar del Arte de la Guerra? Yo que no he visto sino pinturas de Marte? Yo que ni tocar puedo una espada? Yo en fin que por mi estado parece que no debo dar sino lecciones de mansedumbre y de paz?
Pero antes de resolver sobre esta incongruencia, oíd os suplico lo que en otra materia igualmente fundada en la observación y experiencia
sucedió en la Europa a principios de este siglo. Tratabase de averiguar la verdadera figura de la Tierra, que siendo chata por los Polos , debe tener los grados hacia el Ecuador menores que hacia el Polo, y mayores siendo prolongada. Los Académicos Franceses después de treinta y seis años de observaciones y medidas resolvieron que era prolongada, Newton sin hacer observación ninguna , fundándose en la revolución diaria de la Tierra y en los principios de su física sostuvo que era chata ; al fin los mismos Franceses repitieron las medidas de
los grados con mayor exactitud ; Maupertuis , Camus, Clairaut , Le-Monier en la Laponia cerca del Polo; Godin, Bouguer , Condamine asociados de nuestro D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa en el Perú junto al Ecuador , y hallaron que el cálculo teórico del Ingles era más conforme a la verdad que las observaciones de los sabios de Francia.
¿ A que nos atendremos pues ? a la observación o al cálculo ? Al raciocinio o a la experiencia
¿A la Teórica o a la práctica? Yo sé,
Señores, que la flaqueza de la razón humana apenas tiene apoyo seguro: cuantos más progresos hace tanto más enigma parece, cada siglo muda de rumbo para buscar la verdad, y la única que al fin halla es que el siglo antecedente erró. Pero en medio de esta incertidumbre en que fluctuamos, hay especialmente en las Artes un cierto método que seguir menos expuesto a error, y es obrar por principios: claro es que si estos flaquean todo amenaza ruina : sus principios tenía la Física de Descartes: sus principios tenía la Astronomía de Tolomeo; pero como unos y otros estaban mal sentados , la Física del uno y la Astronomía del otro se desvanecieron. La mutua gravitación de los cuerpos, primer principio de la Física de Newton, está confirmada por los calculos y observaciones de más de un siglo , no es mucho pues que este gran genio, dando tan felizmente el primer paso llegara a destruir observaciones hechas sin respeto a sus principios.
El Arte de la Guerra, dice Federico Rey de
Prusia, se debe estudiar como cualquiera otra ciencia: se deben estudiar sus principios y gobernarse en la práctica por ellos. Es cierto que estos principios deben estar apoyados de la misma experiencia; pero ningún hombre es capaz de hacer por si las experiencias necesarias para establecer un solo
Principio. Dos siglos de guerra viva y continua, dice el Caballero Folard, apenas bastarán para formar sin estudio un buen Oficial. Este como cualquier otro arte se debe fundar en experiencias de muchos siglos. Newton, si exceptuamos el tiempo en que hizo la anatomía de la luz, apenas se llegó jamás a un instrumento de Física ; pero sujetando
al cálculo las observaciones y experimentos ajenos , con solo su pluma forzó , digámoslo así,
Á la naturaleza a que le dijera la verdad. Nicolas Machiavelo jamás tiró de la espada : su atrevida y única ocupación fue hilar el hilo de oro para entrar en el laberinto de los Gabinetes ; con todo , sus discursos y reflexiones Militares , dice Folard, pocos soldados hay capaces de hacerlas : tanto puede un gran genio que se apodera de los principios de un arte.
La profesión de declamar era entre los antiguos
el arte de hablar de todo sin entender de nada , y esto fue lo que le hizo a Formion merecedor del fastidio de Aníbal ; a más de que por grande que sea un genio , y por mucho que haya estudiado en la teórica de la Guerra, no solo debe oír con respeto las máximas de un soldado como Aníbal , sino que debe enmudecer en su presencia , como yo con más justa causa lo hiciera en presencia de los Jefes y Oficiales que tengo delante de mis ojos , si no fuera deudor a la instrucción de esta noble y gallarda tropa de Caballeros Cadetes. Pero estudiar y saber los principios del arte fundados en la experiencia de los grandes Capitanes que nos precedieron , está tan lejos de necesitar de práctica, que antes bien , dice Vegecio, se deben escoger para la guerra jóvenes de pocos años a fin de que tengan tiempo de estudiar la teórica antes de salir a campaña ; y como esta teórica se funde en los conocimientos más profundos de las matemáticas , de la Física, de la Historia y de la Filosofía , su explicación sin duda pertenece a hombres enteramente dedicados al estudio. Alcibíades y Scipion de donde salieron
Para mandar Ejércitos ? De las escuelas de los Filosofos. Xenofonte se gloriaba de haber tenido por Maestro á Socrates , y Filipo Rey de Macedonia á Epaminondas tan gran Soldado como Filosofo. Y para que apelar a siglos remotos? El Rayo de la Guerra , el Héroe de la Alemania Federico Rey de Prusia ¿ de dónde salió á enseñorearse de la Silesia , y recobrar los Estados de westfalia con un ímpetu que sorprendía y asustó a la Europa ? De una casa de campo, en donde tenía por Maestros de las Matemáticas. wolfio, y de todo a los Libros.
Si mi designio no fuera inspirar a los Jóvenes Cadetes el espíritu de estudio y la ansia de saber, pensaría hacer agravio a la sabiduría de los hábiles Oficiales que me escuchan, probando que el Arte de la Guerra debe sus progresos a las demostraciones de los Matemáticos, a las observaciones de los Físicos y a las luces de los Filósofos. No pretendo decir con esto que a los Matemáticos , Físicos y Filósofos se les saque de las clases para mandar Ejércitos; ni tampoco pretendo restablecer la Teórica Militar de los Griegos de la segunda edad , los cuales entregados a una Geometría pueril y menuda trazaban sobre el papel Planes de Batallas , formaban las Tropas con la regla y el compás en figura de Ángulos , Arcos y Rombos , y en el retiro de su estudio conseguían victorias imaginarias. La aplicación de estas ciencias al Arte de la Guerra pide cierta circunspección y tino; por esto los antiguos Griegos y Romanos a más de las Escuelas de Matemáticas y de Filosofía en que recibían las ideas fundamentales de la Ciencia Militar, tenían otra especie de Colegios de sola Táctica, cuyos profesores eran Oficiales viejos y eméritos, que por último servicio a la patria comunicaban a los jóvenes el uso de las ciencias que habían hecho y visto hacer en la campaña. Lo que digo es que las luces de los Matemáticos, Físicos y Filósofos han descubierto siempre a los grandes y prácticos Capitanes nuevos caminos y rumbos que seguir.
Los Griegos levantaron el Arte de la Guerra a un punto de perfección nada despreciable; pero
Cuando? Cuando el Arte de la Guerra paso a las Escuelas y se estudió por principios ; antes de esta época posterior a la Guerra Peloponesaica estuvo muy en su infancia , como lo prueba el sabio Capitan Guischard por los mismos hechos que la Historia refiere ; y así debía ser, las Matemáticas comenzaban entonces a cultivarse , los Filosofos se ensayaban a pensar , del Oriente pasaban a la Grecia ideas muy escasas , o bien porque no había comercio de una parte a otra, o lo que es más cierto, porque los grandes y remotos Imperios de Babilonia, Asiria y Egipto, en que se supone que florecieron las ciencias, jamás existieron sino en los Libros de Herodoto , Ctesias , Diodoro y Justino.
(*) Estando pues las ciencias en su cuna no podía estar el Arte de la Guerra sobre pie muy
‘Ventajoso. Pero hacen de día en día las ciencias
Mayores progresos , los Filosofos avanzan en el conocimiento de la Naturaleza , Epicuro y Demócrito en la Física, Platon en la Geometría , Sócrates en los resortes de las acciones humanas , y estos nuevos conocimientos van poco a poco formando nuevos Soldados. Abrense por fin Escuelas Militares en tiempo de Xenofonte , y comienza la Época de los grandes Generales. Alexandro Magno fue

* Hecho el cálculo por la Historia cierta del Género Humano de lo que pueden dar de sí las pasiones del hombre en orden a sostener y fundar un Imperio, y consideradas las únicas Cronologías que tenemos de los tiempos remotos, que son la de los Libros Santos y la de los Chinos, resulta que David fue el primer Monarca de algún nervio que hubo de esta parte de Oriente, y que todo lo que se cuenta anterior a esta Época de los Reyes y famosos
Conquistadores de Oriente, son fabulas orientales.
Fue uno de los primeros que estudiaron metódicamente el Arte de la Guerra antes de salir a campaña. Aristóteles fue su Maestro en la Geometría y en la Filosofía, Parmenion en la Táctica, y todos saben cuál fue el ímpetu de su salida; de un golpe se lleva la Grecia, pasa al Oriente, asusta a los Judíos, vence a los Persas, entra en Egipto, penetra hasta la India, nada se le resiste, tanto puede, Señores, un Soldado que pelea por principios.
Yo me detuviera de buena gana en hacer un análisis del Arte Militar antiguo, tanto más cuanto más claman los grandes Capitanes modernos por que se estudie. Sin embargo de la mudanza que se ha hecho en las armas, y de la invención de la pólvora, el Arte Militar antiguo, dice Guischard, será siempre la escuela de los buenos Oficiales. Veríamos de qué máquinas tan ingeniosas no le fue deudora la Guerra al insigne Geómetra Arquímedes; veríamos reinar en los Jefes un conocimiento profundo de las fuerzas de un Ejército, de la naturaleza de los Países, del genio de las Naciones, del mecanismo de los afectos soldadescos, conocimientos todos que no se adquieren sin un previo estudio de las Matemáticas, de la Historia y de la Filosofía.
Pero por no ser prolixo me contentaré con hacer la reflexa de que el Arte de la Guerra decayó con las Letras: prueba clara de su conexión. El Imperio Romano no tuvo en su decadencia sino Sofistas y Geómetras fútiles. Los Godos aborrecieron las letras, los mismos pelearon como fieras. Los Árabes nos enseñaron el método de porfiar y gritar en las Escuelas, los mismos nos trajeron la miserable Táctica de acometer fin orden con algazara y gritería. Finalmente en el siglo decimosexto se vieron renacer en los Albas, Bazanes y Navarros las ideas de los Anibales, Scipiones y Cefares, en este mismo siglo dispararon nuestros Españoles las primeras bombas en Güeldres , y esta es también la época en que las Matemáticas y la Filosofía levantaron la cabeza por entre las sombras de la antigua barbarie. Nadie ignora que el furor de las Escuelas atajó en el siglo pasado el maravilloso arranque que los Españoles habían dado a las letras en el antecedente, y a este mismo paso los Oficiales del siglo pasado malograron las ideas originales que habían producido nuestros Tercios de Flandes. El descubrimiento de las máquinas de fuego debiera desde luego haber empeñado a la Europa en el estudio de sus espantosas causas y efectos a fin de perfeccionar su uso; pero oíd en breve la triste fortuna que corrió este nuestro ramo de la Guerra.
Los Artilleros Franceses del siglo pasado construyeron unas tablas para arrojar bombas fundadas enteramente en la práctica. Primeramente tiraron con un mortero de doce pulgadas de calibre cargado con dos libras de pólvora con elevación de diez grados, después con elevación de once, de doce hasta quince, y hallaron que los alcances aumentaban ocho toesas por cada grado de elevación. Repitieron las pruebas con diferentes cargas y diferentes morteros, y constantemente hallaron que los alcances crecían desde diez hasta quince grados en progresión Aritmética. Fácilmente creyeron que la misma progresión debía reinar en los tiros hechos con otras elevaciones, y sobre este fundamento construyeron sus tablas verdaderamente preciosas, porque en ellas ya se ve no tiene parte ninguna ni la ociosidad de los Matemáticos, ni el arbitrio de los Físicos; todo es prueba, experiencia y práctica de hombres que envejecieron en la campaña, y que con estas tablas consiguieron famosas victorias.
Pero que lastima! Unas tablas hechas por hombres tan prácticos se hallaron ser las más fútiles y despreciables. La mayor parte de los tiros apuntados por ellas se quedaban a más de cien toesas distantes del blanco. Que es esto? Que ha de ser, estas tablas suponen que los senos de los grados crecen con ellos en progresión Aritmética, y este es un error grosero de Geometría. Pero las pruebas? Pudieron acaso equivocarse midiendo el alcance de los tiros? No, Señores, no se equivocaron; pero esto mismo prueba que la más exacta práctica cuando carece de principios precipita en el error. Los alcances son como los senos de los ángulos duplos de elevación, y los senos de los ángulos duplos desde diez hasta quince grados proceden casi en progresión Aritmética: por esto procedían en la misma los seis tiros en que se fundaron las tablas; pero los senos de otros ángulos duplos andan lexos de esta progresión : por esto los demas tiros hechos según las tablas se alejaban tanto del blanco. Es verdad que si aquellos buenos viejos hubieran reflexionado en los tiros que hacían con otras elevaciones, hubieran advertido que dejaban la progresión Aritmética, hubieran visto que la misma práctica desmentía sus tablas; pero
es el caso que juntar todas las experiencias necesarias para establecer sin principios una regla general es imposible: hacense solamente algunas, la pereza y la presunción deciden sobre ellas sin atender a otras y sin contar con principios, y así se dan reglas que ni bien están fundadas en la teórica ni en la práctica.
Quien creerá que en sesenta años no se les
pudieron arrancar de las manos a los Artilleros Franceses unas tablas tan groseras, con las cuales si conseguían alguna ventaja era porque también los enemigos las usaban ? Galileo y Torriceli restauradores de la Geometría y de la Física trabajaron en aplicar una y otra a la Artillería; ellos demostraron la curva que deben describir las bombas y las balas, prescindiendo de la resistencia del aire; pero los Artilleros Franceses no se dignaron de entender sus escritos: Galileo y Torriceli , decían , pueden ser tan gran Geómetras y Físicos como se quiera ; pero que se saben ellos de bombas y de balas
? Durante el reinado de Luis XIV. los sabios
de la Academia de Paris trabajaron mucho en
esta materia ; Mr. Blondel en 1 6 8 3. dio a luz
un libro que comprendía toda esta teórica , pero
este libro no se mereció una ojeada de los
Artilleros Franceses. Los nombres de Geometría
y de Física les provocaban a risa , la práctica,
decían con tono magistral , la práctica es la útil al
servicio del Rey.
La reforma de la Artillería estuvo desesperada
en Francia hasta que el Gobierno hizo lo que acaba
de hacer nuestro Augusto Monarca en este Real
Alcázar , abrió Escuelas de teórica que han dado después la ley a toda la Europa. Uno de sus profesores Mr. de Belidor calculó otras tablas para arrojar bombas fundadas en la Geometría y Física de Galileo : se dirigió con ellas al Real Cuerpo de Artillería : hicieronse las pruebas , y se hallaron tanto mas conformes a la experiencia cuanto mas conforme suele ser a la verdad la Geometría que el capricho.
Al mismo tiempo que en Francia la mal entendida
practica hacia tanto estrago en el arte de arrojar bombas se pasaba en España otra escena no
menos lastimosa sobre la fundición de cañones. Don
Juan de Bayarte Calasanz y Avalos, Gobernador y
Capitán General de la Isla de Menorca propuso al
Rey en 1 6 6 6. la reducción del calibre y Longitud de las piezas que con tan feliz éxito ha abrazado en este siglo toda la Europa. Los Monarcas siempre acogen benignamente pensamientos tan útiles á su Real servicio ; pero no pueden por si verlo y examinado todo : esta prerrogativa está reservada al Rey supremo de ciclo y tierra, que por su inmensidad y sabiduria infinita todo lo presencia y examina. Cometióse el examen y la prueba de este nuevo plan de fundición al Virrey de Mallorca , pero se tergiversó y no se hizo.
Bayarte hizo sus pruebas que le salieron felizmente
en virtud de esto renovó sus instancias , presentó
los papeles al Consejo de Guerra. Este los mandó
examinar a los prácticos ; pero oíd la censura de
estos de pluma del mismo Bayarte: estos extrañando
la forma y desconociendo la causa filosófica de
su operación , la desestimaron sin más examen que
el de su extrañeza , respondiendo de manera que no
se trató más de esta propuesta. Consistió la única
objeción en que por el poco metal debían de reventar estas piezas. La duda se redujo a lo vulgar y limitado de la inteligencia mecánica. La mecánica científica, contada entre las partes de la Matemática, enseña que respecto a la pólvora de su carga aunque fina tienen estas piezas a su proporción mas metal que las usuales. En fin la práctica universal de este siglo ha justificado la teórica de Bayarte.
Confesemos, Señores, que cuando se ensalza la práctica para abatir la teórica se habla de mala
fe. Baxo de la voz practica se escuda nuestra ignorancia, y cortamos con ella el nudo del estudio á
que se nos quiere obligar ; pero de esta ignorancia se
sigue tal vez que en los lances, aun contra nuestra
intención , somos traidores al Rey que nos mantiene y nos honra , poniendo en nuestras manos la
fuerza de su Imperio , la justicia de sus derechos,
la felicidad de la Nación. Digo y repito que la experiencia y la práctica son las madres de las Ciencias y de las Artes ; pero la práctica sin ciencia ha sido siempre el mayor obstáculo para el progreso
de ellas. El Caballero Folard confiesa que repite muchas cosas en sus Comentarios; porque la costumbre de no ser oido de los prácticos le hizo contraer el vicio de repetir muchas veces una misma
cosa. Que no ha costado persuadir las ventajas de
la columna , no obstante que demuestra el dicho
Folard que un Ejército en columnas puede arrollar
con otro cuádruplo dispuesto en líneas? Pero los
prácticos no han creído estas ventajas hasta que
los Federicos , los Daunes y los Broglios las han autorizado y hecho ver. Mas por acabar en esta materia y dar una justa idea de la indispensable conexión que entre si tienen la teórica y la práctica diré del Arte de la Guerra lo que Fontenelle dijo de
la Astronomía : la práctica es una esclava , cuya
Reina es la teórica, bien que esta Reina depende
absolutamente de la esclava.
Pero no puedo disimular otro obstáculo que
opone al progreso de las Artes la terquedad de nuestra pereza. Cuando una verdad venció la contradicción y se abrió camino , la abrazamos si , pero dormimos luego sobre ella como si no hubiera que corregir, o que adelantar en su uso. Las tablas de
Belidor son ciertamente admirables y deben andar
en manos de todo buen Artillero , sin embargo son
defectuosas, porque aunque se fundan en principios
ciertos de Geometría y de Física no los abrazan todos: Belidor prescinde de la resistencia del aire, y
esta resistencia turba absolutamente las leyes de la
aceleración de los graves y del movimiento uniforme
que debiera imprimir la pólvora, en las cuales
leyes funda Mr. de Belidor su teoría. Es verdad
que Mr. Blondel dijo que esta resistencia hacia un
efecto casi insensible ; pero las experiencias de todas
las Academias de la Europa comprueban lo contrario.Todos convienen ya en lo que Newton pensó que las resistencias instantáneas deben ser como los cuadrados de las velocidades residuas al fin de cada instante , según lo cual los cuerpos arrojados
no describen la parábola que se supone. Las tablas
de Belidor necesitan de corrección; y ojala que así
como el Real Cuerpo de Artillería de Francia tuvo
la gloria de publicar unas tablas fundadas en buena
Física y Geometría , el de España se propusiera el objeto de corregir aquellas , haciendo entrar
en su cálculo la resistencia del aire.
Yo no hallara pronta ni fácil salida si me
quisiera internar en la selva inmensa de conocimientos de que debe ir prevenido un buen Oficial , o bien para dirigir la fortificación de una plaza , o bien para mandar una batería: de las tierras , de las aguas , de las piedras , del fuego, de la atmósfera de la pólvora , de las maderas, de los metales, de todo debe tener justas ideas , y los conocimientos físicos de estos cuerpos deben recaer sobre una Geometría y cálculo nada vulgares. Y si
tanto piden los ramos de fortificación y Artilleria,
que será si un Oficial aspira no solo a fortificar
una plaza o mandar una batería sino a mandar
un Ejercito ? Aquí es , Señores , en donde cede mi
débil espíritu oprimido de la grande idea de un
Oficial General. Su capacidad debe ser como inmensa, su corazón mayor aún que su capacidad:
la fortificación y Artillería las debe no solo poseer
sino dominar: su golpe de ojo debe ser vasto y penetrante , de una ojeada debe comprender las fuerzas del enemigo y penetrar hasta el espíritu que las mueve , de un golpe debe decidir el plan de ataque o defensa relativo a todas las circunstancias suyas y ajenas , según las cuales en un lance debe
ser un sagaz Anibal , en otro un circunspecto Julio,
en otro un intrépido Federico , en otro un detenido Daun. Su corazón no debe entregarse a ningún afecto y los debe sentir todos, compasivo en las miserias de la tropa, severo en su disciplina, indulgente con el vencido, firme con el obstinado: con un ojo debe mirar sereno los montones de cadáveres, con otro debe mirar con ternura correr la sangre de su Nación, y con entrambos tranquilo la crisis de la acción, en que le va menos que la fortuna de su Patria y la gloria inmortal de su nombre. Yo no acierto, vuelvo a decir, a desenvolver esta grande idea, solo aprendo en confuso que un General debe ser un gran Matemático, un grande Histórico , un gran Político, un gran Filósofo , un Héroe.
Y este es el fin que se ha propuesto nuestro
Augusto y Católico Monarca CARLOS III. que Dios
guarde, en la erección de esta noble Compañía de Caballeros Cadetes, fundar un Colegio de Heroes , en los cuales se propague en España el talento
y espíritu militar que le hicieron acreedor en
Italia al renombre de HEROE DE VELETRI. Entended, pues, nobles y gallardos Jóvenes el destino a que sois llamados. Si pensasteis que a este honroso
uniforme estaba anexo el desprecio del estudio, la galantería en el trato , la conquista de los estrados, y el poco respeto a las cosas de la Religión, os equivocasteis por cierto. Quien camina en el servicio sobre estas ideas , o llora desconocido en un rincón su poca fortuna, o si el favor le promueve a los grados que no merece , echa al fin un borrón sobre el escudo de su familia y sobre las Armas de su Rey ; y a la verdad muy necio debiera de ser el Monarca que quisiera emplear sus tesoros en criar y mantener gente libre , descomedida e ignorante en la misma arte en que se quiere servir de ellos. Sabed que sois llamados al trabajo del estudio, a la fatiga de la campaña, y á la gran virtud que requiere un estado en que se ha de vivir con subordinación a muchos, y a todos se ha de obedecer pronta y alegremente aun
en lo no bien mandado , en que se ha de mirar la muerte con ojos enjutos, y en que todo se ha de aventurar por el servicio de Dios y de la Religión.
Todo esto se os hará llevadero y dulce si animáis
vuestras acciones del espíritu de honor , considerando que lleváis en vuestras tiernas manos la honra de vuestras casas , que el Monarca os mira
como a hijos queridos , y como tales os ha colocado
en el más respetable y magnifico Alcázar de su
Reino , deseando veros tales algún día , que pueda dejar descansar en vuestros brazos el peso
de su Corona. Veis la magnificencia y aseo con
que a sus Reales expensas se os aloja. Veis la in-comparable firmeza con que el Ministro de
Guerra , atento a fomentar el nervio de la Monarquía, fomenta vuestro establecimiento. Veis a los Comandantes y Jefes del Cuerpo desvelados
en procurar vuestras ventajas , y consumidos del
celo que les cuesta vuestro bien. Veis en fin a los
Oficiales más hábiles y distinguidos del Cuerpo
ocupados todos de vosotros. Estas reflexiones bastan
para empeñar el honor de gente bien nacida,
y sacar airosos con la aplicación y buen porte al
Monarca, al Ministro, a los Jefes y al Cuerpo.
La amable Heroína Teresa, Emperatriz de Alemania,
fundó un Colegio en Viena, que de su Augusto nombre se llama Teresiano. De este Colegio
han salido gran número de los Oficiales que en
la última campaña han dado tanto honor a las Armas Austriacas. Uno de estos, recién salido del Colegio
fue a campaña, y su desgracia quiso que antes que los sentidos se acostumbraran al terror de la Guerra , se le metiera en una acción en medio del fuego ; túrbesele la fantasía , y esta turbación llegó a sufocar las semillas de valor y honor que ciertamente tenia. Por fin deja las armas en el puesto y se retira. Al retirarse otro Oficial su amigo le echa la mano al pecho y le dice : Es posible que quieras echar ese borrón sobre el Colegio de nuestra Emperatriz? Dicho fue este que hizo revivir el honor del aturdido Joven. Volviose al puesto, tomó las armas, luego vino una bala y le dejo allí. Digno por cierto de que el honor deshojara a manos llenas sobre su tierno cadáver flores y laureles. Esta es, mis amados Discípulos, la primera lección que quisiera hoy estampar en vuestros pechos, y con que doy principio a esta Real Academia. Cuando algún mal ejemplo o alguna pasión os quiera arrastrar a algún extravío, decíos a vosotros mismos: no, no he de echar yo un borrón sobre el Colegio Militar del Real Cuerpo de Artillería, que ha de ser las delicias de mi
Rey.
Si emprendéis la carrera con estas ideas, llegareis
sin duda a su termino, que es la gloria Militar , gloria la mayor que ocupa la tierra , capaz de dar celos a la gloria del mismo Trono, y en la cual han idolatrado siempre los Pueblos y Naciones del Mundo. Cuando nos paramos en la Elocuencia nos arrebatan un Demostenes , un Ciceron, un Bourdaloue. Cuando en la Poesía, un Homero , un Virgilio , un Lucano. Cuando en la Legislación, un Solon, un Licurgo , un Alfonso. Cuando en la Filosofía, un Platón, un Sócrates, un Newton; pero todas estas• respectivas glorias desaparecen cuando se presenta la idea de un Alexandro, de un Cesar, de un Alba , de un Turena , de un Federico. La gloria de un General es absoluta, todo lo obscurece, todo lo inunda. Los Oradores, los Poetas, los Legisladores , los Filósofos, todos basan en su presencia los Fasces; y es que a más de que el Arte de la Guerra supone más prendas de espíritu que todo esto. A un gran General le somos deudores del sosiego con que dormimos , de los bienes que disfrutamos , de la vida que vivimos: hasta la Religión le es en algún modo deudora de sus aras. Es a la verdad gran miseria que entre las castas de animales no haya otra que la del hombre, la cual á sangre fría se haga mutuamente la guerra: que las Matemáticas y la Filosofía, ciencias nacidas para dar a los espíritus tranquilidad y dulzura, se hagan servir al derramamiento de sangre humana, y que en todas las Repúblicas el honor se dé a los hombres
destruidores de su especie ; pero supuesta esta miseria
fundada tal vez en que la Naturaleza por lo mismo que ha destinado al hombre para obrar más, ha dado a sus pasiones mayor vigor y fuerza. Supuesta,
digo, esta miseria , la Profesión Militar es
acreedora a nuestra mayor estima y veneración,
porque ella es la que pone a raya la fiereza del
hombre. Dos Naciones viven tranquilas, cuando
en las dos florece el Arte de la Guerra , porque
mutuamente se respetan, y este respeto las pone
en equilibrio y en paz. Según esto no hay Estado
en la Republica que no deba contribuir a los progresos de esta noble Ciencia, porque no le hay
que no disfrute de su beneficio. Por lo que a mi
toca para desempeñar esta obligación que me impone la Religión, la Patria , y la que S. M. se ha
dignado imponerme de Profesor Primario de esta
Real Academia, no perdonare a trabajos ni vigilias
algunas; moriré gustoso empuñando la pluma
para enseñar a mis Discípulos a morir con la espada
en la mano.