Introducción

Antecedentes del convento y cesión al Ministerio de la Guerra

Detalle del plano de Segovia de J. Soler, 1909-1917. 7.- ARCHIVO CARTOGRÁFICO Y DE ESTUDIOS GEOGRÁFICOS DEL CENTRO GEOGRÁFICO DEL EJÉRCITO.

Detalle del plano de Segovia de J. Soler, 1909-1917.
7.- ARCHIVO CARTOGRÁFICO Y DE ESTUDIOS GEOGRÁFICOS DEL CENTRO GEOGRÁFICO DEL EJÉRCITO.

Por real orden de 27 de marzo de 1849, el Estado transfirió definitivamente esta zona del cuartel desde el Ministerio de Hacienda al de la Guerra. El mantenimiento de los edificios de este recinto quedó a cargo del Cuerpo de Ingenieros, y sin embargo, la parte restante que más adelante sería entregada al Cuerpo de Artillería, al no haberse transmitido al «ramo militar» no figuró en los presupuestos del Cuerpo de Ingenieros, sino que quedó con cargo a los fondos del Material de Artillería. Esto tuvo durante algún tiempo un efecto muy negativo para el mantenimiento de las instalaciones de esta parte del inmueble.

A fin de contar en caso de necesidad con unas instalaciones capaces de albergar un número importante de tropas, se propuso en repetidas ocasiones rehabilitar la parte oriental (no ocupada) del exconvento y ampliar así el cuartel. Esta zona, que estaba comenzando a deteriorarse, aún se encontraba bajo la responsabilidad del Ayuntamiento. Las demandas se repitieron hasta que finalmente por real orden de 23 de noviembre de 1851, se dispuso la cesión de todo el inmueble al Ministerio de la Guerra, y por otra de 2 de diciembre del mismo año se ordenó formalizar el proyecto y presupuesto para habilitar dormitorios en la parte no ocupada, con destino a los subtenientes alumnos de la Escuela de Aplicación del Real Colegio de Artillería.

Para comprender esta última cesión habría que remontarse al decreto de 22 de febrero de 1842, por el cual se prohibió la admisión de cadetes en las compañías de cualquier Arma o Cuerpo del Ejército. A partir de esta fecha se dispuso que todos los aspirantes se formaran en un único establecimiento, organizándose para ello el Colegio General Militar. A consecuencia de este decreto, en abril del mismo año se dispuso que tras superar los estudios en el anterior centro, los alumnos que quisieran ingresar en los cuerpos facultativos (Artillería e Ingenieros), ya con el grado de subteniente, debían cursar dos años en las que a partir de ese momento serían denominadas Escuelas de Aplicación.

No obstante, hasta que el Colegio General proporcionara los alumnos a las respectivas escuelas, los cuerpos facultativos fueron autorizados a continuar con el anterior procedimiento. De este modo, en el Alcázar de Segovia existió una Escuela de Aplicación compuesta de subtenientes alumnos, y otra provisional, la Escuela Especial de Artillería, dedicada a la formación de los cadetes que aspiraban a ingresar en la anterior.

Inicialmente los subtenientes vivieron en régimen de externado, asistiendo al Alcázar a recibir las clases correspondientes a los dos últimos cursos, que una vez superados les permitía obtener el grado de teniente. Mientras tanto, los cadetes de la Escuela Especial, que siguió siendo conocida por Colegio de Artillería, siguieron un régimen de internado o externado básicamente en función de la edad.

Volviendo a las instalaciones del cuartel, el acto de entrega de la parte del recinto destinada a los subtenientes alumnos se efectuó el 21 de enero de 1852, pero no así de la huerta del exconvento, que en esas fechas era una propiedad particular. En este sentido, en mayo de 1864 la Dirección General del Cuerpo reconoció las dificultades que se originarían para la expropiación forzosa de ese terreno, por lo cual autorizó al director del Colegio, Trinidad Venene, para que negociara con su propietario Mariano Flores, procurando que su adquisición «fuera en base al mayor número de plazos y al menor interés». Por otro lado, interesa adelantar que en estas fechas ya se contaba con el compromiso del Ayuntamiento, para la cesión de la calle municipal que discurría entre las huertas de San Francisco y las del entonces cuartel de San Antón.

La razón que más pesó a la hora de dar un nuevo destino a la zona recién incorporada, fue la dificultad que suponía para la disciplina de los alumnos el régimen de externado. Esto, unido a la escasez de espacio en el Alcázar para clases, dormitorios, enfermería, comedores, etc., hizo que para remediar la situación se destinara para los alumnos externos la parte del exconvento no ocupada, a fin de que pudieran dormir y «cumplir sus arrestos», aunque continuando la clases en el Alcázar y las comidas en casas particulares.

Para atender a este personal y las instalaciones del nuevo establecimiento se organizó una plantilla compuesta por un teniente coronel, un comandante y cuatro capitanes. La obligación de estos últimos a vivir dentro del cuartel, obligó a habilitar pabellones (entendidos hoy como habitaciones de una residencia), donde pudieran alojarse.

A fin de adaptar la zona consignada para internado a las nuevas necesidades, en marzo de 1852 se remitió la memoria del proyecto y presupuesto de las obras necesarias, para alojar a los 91 subtenientes de la Escuela de Aplicación y los 37 alumnos externos del Colegio que también se unieron, ya que «la desaplicación en las clases» hacía urgente establecerlos bajo un régimen severo de vigilancia. Se propusieron varias soluciones, en pabellones de a dos o salas corridas que resultaba más económico.